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Por el petróleo hacia Dios

Ha habido cinco extinciones planetarias en los últimos quinientos millones de años. Según los especialistas, estaríamos a punto de la sexta, si es que no estamos ya en ella. Todo esto mientras viajamos subidos en el planeta a más de cien mil kilómetros por hora alrededor del sol, que a su vez va a ochocientos mil kilómetros hora por la Vía Láctea. Sin embargo, el personal suele pensar que el sol está ahí, en el cielo, puesto por alguno de los miles de dioses inventado.

Y si no, veamos la foto en el Despacho Oval de la Casa Blanca, convertido en tugurio de pastores evangélicos, todos ellos tocando el lomo de un anciano degenerado, rezando por él y por el éxito de sus masacres entre impíos. La pastora que dirige el circo es la jefa de la "Oficina de la fe de la Casa Blanca". Toma separación de poderes. Allá, en el otro lado del cuadrilátero, una banda de ancianos ayatolás auto proclamados intermediarios de su dios, conforman un gobierno teocrático y criminal bastante repugnante que reprime, tortura y en ocasiones asesina a quien que se atreva a protestar y a cuestionar sus leyes medievales.

Dos poderes encarnados o inspirados por perturbados que se sienten portavoces de sus respectivos dioses. Naturalmente, debajo de estas hazañas bélicas hay una realidad invariable. En la banda que manda en cada bando hay corrupción a mansalva, gente que vive como dios aquí en la tierra –por si acaso el cuento de su cielo resulta no ser cierto– y que sin salir a la luz de ningún escenario maneja a estos tipos bastante repugnantes.

Mientras tanto, y una vez más, Europa la cobarde se pliega a sus designios con sus líderes más mediocres cloqueando sin alma (Merz), con una presidenta patética e incapaz y una secretaria de exteriores tan inútil como ridícula, a la que no hacen caso ni en su escalera de vecinos; y de palmero infatigable, el impresentable secretario de la OTAN, mamporrero entusiasta del gobierno USA (Rutte), entusiasmado por lustrar las botas y lamer el culo de Trump y gran propagandista de su industria militar. Parece que esta Roma medio podrida que es la triste y cobarde Europa sí paga traidores. Y así hacia la sexta extinción.

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