Opinión
Cuando los Reyes no traen triciclos
La utilidad que tiene a menudo una conversación pequeña para ordenar toda una vida o la historia de un juguete que no llegó y de una verdad que sí lo hizo
Yo tenía tres años. Eso me lo contó mi madre, porque de aquella escena no guardo memoria, pero sí guardo la verdad que dejó en mí.
El niño de la casa de al lado había recibido un triciclo por Reyes. Yo lo vi. Lo quise. Y se lo pedí a los míos. Pero no llegó. Mi madre me vio triste. Me preguntó qué me pasaba. Y yo, con la lógica exacta de la infancia, le respondí algo que aún hoy estremece: –¿Tan malo soy que los Reyes no me han traído un triciclo?
En esa frase estaba ya todo el drama humano: la tentación de creer que la falta de un bien es una condena moral. Que no recibir es no merecer. Que el amor se mide por lo que llega envuelto en papel brillante.
Mi madre hizo entonces algo decisivo. No me dio el triciclo. Me dio verdad. Me dijo que yo no era malo, que era muy bueno. Y me explicó que los Reyes Magos no traen las cosas solos, que necesitan que los padres les den el dinero, y que aquel triciclo costaba mucho, y que ellos no podían en ese momento. Pero que me querían profundamente y que yo era maravilloso.
Y ocurrió algo prodigioso: me tranquilicé. Quedé contento. No porque fuera a tener el triciclo, sino porque ya no estaba en juego mi valor. No era culpable. No era rechazado. No era menos. Mis padres me querían. Y eso era lo importante.
Aquella conversación fue una lección de vida que muchos adultos no han aprendido jamás.
Porque hay un momento peligroso en la educación —y en la sociedad— en el que dejamos que niños, jóvenes y también adultos sigan creyendo en los Reyes Magos, pero sin nadie que traduzca la realidad. Creen que todo deseo genera un derecho. Que toda ausencia es una injusticia. Que no recibir es ser maltratado. Que el mundo les debe triciclos.
Y entonces aparece la indignación permanente. El agravio como identidad. La queja como brújula moral. No saben ver que muchas veces no es que alguien les niegue algo, sino que no puede. No saben distinguir entre falta de amor y límite real. No saben agradecer lo que sostiene porque están hipnotizados por la anécdota que falta.
Hannah Arendt decía que educar es introducir al niño en un mundo que no ha hecho él, pero del que deberá hacerse responsable. Y mi madre, sin haber leído a Arendt, hizo exactamente eso: me introdujo en la realidad sin herirme, sin humillarme, sin mentirme.
Me enseñó que no todo es posible. Que no todo es ahora. Que no todo depende de mí. Y que por encima de todo soy muy querido.
Ojalá sepamos transmitir hoy esa lección sencilla y radical. Que el amor no se mide por los triciclos. Que la dignidad no depende de lo que llega. Que la vida no es una carta a los Reyes Magos, sino una relación con quienes nos sostienen.
Porque cuando confundimos deseo con derecho, dejamos de crecer. Y cuando no aprendemos a leer la realidad, convertimos la frustración en rabia y la rabia en relato.
Aquel día, con tres años, no aprendí por qué no tenía un triciclo. Aprendí algo infinitamente más importante: que lo esencial no es el regalo, sino quién te explica el mundo sin romperte el alma.
Una sociedad que no enseña a distinguir entre el amor y el triciclo acaba creyendo que todo límite es violencia.
Y ninguna comunidad puede sostenerse mucho tiempo sobre esa mentira.
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós al uso de la baliza V-16: la DGT explica su fecha límite de uso por conductor
- Aviso a los conductores con coches con matrículas 'L' y 'M' tras la norma obligatoria: la multa de 200 euros por no llevar ya la v-19 que ya pone la Guardia Civil
- Un conductor circula a 115 kilómetros por hora por autovía y la cámara le multa por no llevar el elemento de seguridad obligatorio dentro del coche: la Guardia Civil extrema la vigilancia
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para conseguir la maleta-mochila para cabina más barata del mercado: por 9,99 euros y capacidad de hasta 20 litros
- Multado con 500 euros en vez de 200 por no tener la señal v-15 colocada a la hora de aparcar: el Gobierno modifica la ley que endurece las sanciones
- Rodrigo Cuevas, el niño que saludaba por la calle cuando volvía de pasar el verano en Rodiezmo, regresa a Oviedo
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la maleta de viaje todoterreno más barata del mercado: por 26,99 euros y 70 litros de capacidad
- Adiós a la baliza v-16 y uso opcional tras su compra obligada antes del 1 de enero: 'No será exigible su conectividad con los sistemas de detección
