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Esto no es 2008, es peor

Las consecuencias de la actual crisis por la guerra de Irán, que es energética

La economía global ha decidido jugar a la ruleta rusa y lo hace con el tambor cargado de drones y misiles Nos aseguraron que la terrible crisis de 2008 fue una película de terror irrepetible; hoy estamos presenciando la secuela, rodada con peor guion y efectos especiales más contundentes. En aquella ocasión, el miedo alcanzaba al ámbito financiero; ahora es físico, geopolítico y eléctricamente inflamable.

¿Qué ha cambiado desde entonces para que comprendamos que no hemos aprendido la lección de lo que supone pasear sin arnés por el borde del precipicio? Una fe ciega en la Inteligencia Artificial, la dependencia suprema del algoritmo y una confluencia de gobernantes sin escrúpulos como nunca antes, aun de distintas ideologías.

Antes, las crisis rompían balances. Hoy rompen redes eléctricas, cadenas de suministro y certezas. La anterior crisis mundial se superó inyectando fondos en el mercado financiero. Los riesgos actuales, sin embargo, se multiplican porque afectan a productos, tangibles y volátiles, que mueven el planeta. Y el mundo, a diferencia de los mercados, no se rescata con un clic.

Los misiles caen siempre sobre el mismo objetivo: el bolsillo ciudadano. La guerra en Irán encarece el petróleo, el gas y, por efecto dominó, la luz, el transporte y la cesta de la compra. La inflación deja de ser un concepto abstracto y se convierte en recibos devueltos, hipotecas inasumibles y salarios que se congelan. Cuando la energía se dispara, todo paga peaje: desde el pan hasta el alquiler. El ahorro se evapora, la pobreza crece y los gobiernos zozobran. Lo del 2008 fue una broma comparado con lo que se avecina.

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