Opinión
La transmutación de Rosalía
Los periodistas Oriol Rodríguez y Yeray S. Iborra firman la primera biografía de la artista, consagrada como megaestrella global
Consagrada como icono pop contemporáneo, ¿qué más bendiciones puede necesitar Rosalía teniendo las de Bjork y las de Madona? La primera ha reconocido públicamente que para ella es todo un honor acompañar a la catalana con sus colaboraciones, la segunda la considera una visionaria.
Tras el impactante lanzamiento de "Lux" y coincidiendo con la gira recién estrenada en Lyon con un espectáculo igualmente impactante, llega a las librerías la primera biografía de la cantante.
En "Buscando a Rosalía" (Libros del Kultrum) Oriol Rodríguez y Yeray S. Iborra, periodistas especializados en música y cultura popular, se han adentrado, como quien emprende un "road trip", un viaje, una aventura, en la vida de la artista, sobre cuyos primeros capítulos, antes del ingreso en el estrellato, apenas han encontrado bibliografía fiable.
Han suplido esas carencias yendo a los escenarios de la infancia y la primera juventud de la artista y recopilando testimonios, indagando en sus inicios en la música, en sus primeras colaboraciones y su arranque discográfico. Así, a través de las páginas del libro, acompañan la trasformación de Rosalía Vila Tobella, una chiquilla nacida en la localidad barcelonesa de San Esteban Sasroviras en 1992, en Rosalía, una joven de evidente talento y probada dedicación, con una entrega excepcional a la música.
Luego, con la intervención providencial del músico y productor Raül Refree y el éxito de "El mal querer", su segundo disco de estudio, Rosalía dio el primer paso hacia su trasmutación en megaestrella global. Llegarían después La Rosalía, la Motomami y, ahora, la iluminada.
Antes de ese brillo, Rosalía fue una chavalita que estudiaba en el Taller de Músicos de Barcelona y en la Escuela Superior de Música de Cataluña, que se sacaba algún dinero cantando en bodas, bares y en la calle, que probó suerte en el concurso de televisión "Tú sí que vales" y conoció la desilusión de no ser ni siquiera seleccionada, y que se quedó sin voz durante un año, de tanto y tanto ensayar, por la rotura de una de las cuerdas vocales.
Una trabajadora entusiasta e infatigable, leal a la familia –madre catalana, padre asturiano, abuelo cubano y una hermana, Pili, que se ocupa de sus estilismos y no se separa nunca de ella– y a sus maestros. Una trastienda que hace más grande la leyenda en la que Rosalía está abocada en convertirse.
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