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El PSOE va perdiendo el tren

Las crisis ferroviarias en Asturias y Andalucía

Hay ministros que disfrutan de la gloria de la hemeroteca de tanto inaugurar infraestructuras y otros, como Óscar Puente, que se empeñan en recolectar titulares por clausurarlas sin cortar la cinta. En esta tesitura, el ferrocarril se ha convertido en el mejor aliado electoral de la oposición y en el peor enemigo de los mandamases socialistas. Especialmente de los que no viven en Madrid.

En Andalucía, la línea Madrid-Málaga circula al trantrán cuando ya asoma el aroma a incienso de la Semana Santa. En Asturias, los trenes desaparecen los fines de semana por una obra en Palencia, que es como si el efecto mariposa hubiera colapsado la catenaria. Se entiende que Barbón no quiera ver a Puente ni en acuarela, aunque la debacle ferroviaria sirva para esconder bajo las alfombras otras graves deficiencias: carreteras tercermundistas, minas de carbón sin canario ni vigilancia, la dependencia hecha unos zorros y los médicos en huelga.

En su afán fanfarrón, Puente ha logrado algo insólito: hacerle campaña en contra a sus propios compañeros de partido de las colonias. Especialmente a María Jesús Montero, que se va a estrellar con estrépito en Andalucía. El PSOE puede quedar en lo que fue su granero en vía muerta. Montero avanza hacia el desastre electoral con la puntualidad de un AVE de otros tiempos.

Con este ministro, poner el ojo en el panel de salidas de la estación es como consultar el horóscopo. Óscar Puente puede presumir de haber modernizado el concepto de tren: ya no conecta territorios, los hermana en el descontento.

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