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Elena Canedo

Elena Canedo

Vicepresidenta de DMD (Derecho a Morir Dignamente) Asturias

El verdadero fracaso

Un alegato a favor de la libertad individual y el respeto a las decisiones personales sobre la propia vida

La eutanasia es un acto de amor. Amor a la vida plena y digna. Amor como respeto máximo al ser humano. Amor como empatía que se tiene por el que sufre y merece nuestra compasión. Amor como libertad individual sin paternalismo y con el reconocimiento de la autonomía. Amor al que toma decisiones sobre su vida cuando para él ha dejado de ser digna de ser vivida. Nada es más nuestro que nuestra vida y nadie más que uno mismo para decidir sobre ella.

En España no es nada fácil acceder a la eutanasia, tenemos una ley que es muy garantista y eso conlleva una amplia seguridad jurídica y médica fuera de toda duda. En el caso de Noelia y en todos los casos es así. No cabe cuestionar temas como su edad o su capacidad y menos aún su sufrimiento constante e intolerable para ella. Era y es una ley necesaria y ampliamente respaldada por todos los sectores de la sociedad.

La sociedad no fracasa cuando se autoriza o se solicita una eutanasia. La sociedad fracasa cuando no acepta las decisiones libres de los que la componemos. Fracasa cuando se cuestiona un derecho porque no se ciñe a nuestros propios enjuiciamientos.

Con respecto a la fe, y más concretamente la católica, puede ser un alivio para quien la posee, pero no debe regir las conductas de quien no forma parte de la comunidad religiosa, sin juzgar al que no se rige por sus preceptos. Para los no creyentes la vida no es de Dios sino nuestra, casi lo único nuestro que tenemos.

Cuando afirmamos que una persona no tiene cariño, estamos suponiéndolo. O si afirmamos que los cuidados paliativos de calidad disuadirían a una persona a no solicitar la prestación, también. Los cuidados paliativos son más necesarios que nunca en estos casos, no se puede renunciar a ellos, pero nunca sustituirán a un deseo de morir cuando sabes y sientes que la vida ya hace tiempo que ha dejado de serlo.

La eutanasia no es un juicio de valor sobre la vida de otras personas sino un acto de respeto hacia la libertad de cada una de ellas.

En lugar de cuestionar derechos ya reconocidos y poner el foco en los que desean morir, deberíamos poner nuestra mirada en los que sí desean vivir y su vida les es arrebatada de forma violenta y sin permiso. Preocupémonos y llenemos de ese amor que tanto promocionamos a los vivos que luchan, día a día por tener una vida mejor.

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