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Racismo

La dolina de los hombres vivos

Que la Humanidad es una unidad biológica es mucho sentenciar, entre otras cosas, porque capitalizamos el antropocentrismo si hablamos de biología en la lógica actual. Cuando deconstruimos nuestro pasado, a partir de fósiles excavando con mimo para rescatar de los estratos las edades del hombre y su entorno, hay que recomponer muchos escenarios y no menos especies de las que procedemos o convergemos en hominización.

La sociedad actual es una dolina externa que para nada representa una unidad biológica, faltaría más. No hace falta viajar a Etiopía y, con fondo musical de "Lucy in the sky", redescubrir el eslabón perdido, pues son muchas las competencias que le salen a la pequeña Australopithecus afarensis, a "Lucy". Basta con acercarse a Burgos o mismamente a la cueva del Sidrón, aquí en Piloña.

Habrá que pulir la palabra "raza" -claro que sí- propio de la Real Academia de España, seguimos dando brillo, fijamos y damos esplendor a las clases según convenga. Para no pisar ningún jardín, nos obligamos a contener el carro para que no pase a los bueyes, que en la antropología lingüística asturiana hay mucho recado: las clases. Lo que escasea, y mucho, son políticos de la racionalidad previsora, más bien hay de la "invarianza galileana" que busca formas de alquimia para seguir en el poder, lo que incluye sacar votos que dobleguen la variable independiente de sexagenarios que van (vamos) a las urnas con la idea fija, por no variar. Llegamos, así, a la "premonición autocumplida", que ni la paleontología, ni la arqueología -en breve la antropología cultural- están siendo capaces de evaluar el impacto social sobrevenido de una España matriarcal que acoge a cuantas clases sociales (nada de etnias cuanto menos razas) desean compartir el progreso occidental del que somos la coxis, geográficamente de Europa. Hasta las coxis sufren fracturas.

¡No al racismo! Por supuesto, pero antes de abrir las puertas de aeropuertos, puertos y el lacerante incentivo a las mafias que ponen en riesgo vidas humanas en el mar, nos obligamos a que los nuevos españoles estén informados de que, no tardando mucho, tendrán que ir a defendernos contra su lugar de origen. ¿Alguien se lo dice?

Pongamos como ejemplo la misma África de Marruecos, una de las mayores inmigraciones (que no razas, ni etnias ni nada biológico que valga) que habitan entre nosotros como españoles de derecho, que les digan a sus padres que se revelarán. A ver en lo cultural por quién se deciden en esta dolina externa inescrutable del presentismo nacional y continuidad gubernativa adhocrática, en función de fenómenos que van desde una pandemia, volcán, incendios, apagón, accidentes y guerras ajenas de las que somos arte y parte. ¿Dónde están los expertos de esta dolina externa? n 

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