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Opinión

Fernando Monreal

Fernando Monreal

Doctor en Medicina y Cirugía

¿Dónde estás, Jovellanos?

La falta de figuras políticas con solvencia intelectual

Cuando vemos a nuestros representantes políticos en el estrado de los oradores del Congreso de los Diputados, o cuando los oímos realizar declaraciones a los periodistas de turno nos damos cuenta de que, en general, el nivel de nuestra clase política deja mucho que desear. Y esta carencia ha ido incrementándose a lo largo del recorrido de nuestra democracia. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero cuando se los compara, por dar un ejemplo, con Melchor Gaspar de Jovellanos... Y traigo a colación a este insigne personaje por cuanto estuve hace unos pocos días en el Museo de Bellas Artes de Asturias; me gusta ir de tanto en cuando, pues su riqueza artística así lo merece. Considero que es uno de los mejores museos de España con relación al número de habitantes. Un museo por el que tendrían que pasar todos los colegios con su correspondiente profesorado ducho en Arte e Historia.

Y, es que, en una de sus salas se encuentra un retrato de Jovellanos, de cuerpo entero (185 x 110 cm), elegante, majestuoso, realizado, ni más ni menos que por Goya. Un cuadro que, por sí mismo ya merece una visita a dicho museo.

Parece ser que Goya (nacido el 30 de marzo de 1746) lo pintó en honor al nombramiento de nuestro ilustre personaje como miembro del Consejo de Órdenes Militares allá por 1870. Da fe de tal nombramiento la insignia distintiva o venera de Alcántara con un gran lazo verde (simboliza a la Orden), y que se encuentra colocado en la solapa de la casaca de seda de color marrón verdoso que va abotonada a la altura del pecho.

Tras quince años de ausencia, Jovellanos regresó a Asturias en comisión general, con el final de iniciar la construcción de una carretera que uniera Oviedo con Gijón, y que posteriormente tendría que unir León para dar salida a Castilla. Esa era la mentalidad del ilustre Jovellanos. Y, por eso, el paisaje que hay al fondo de la pintura es el del arenal de San Lorenzo, la playa de Gijón.

Esta pintura es la primera de los dos retratos que Goya pintó del ilustre asturiano. La nuestra, la que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Asturias, como depósito del Estado a través del Museo Nacional de Escultura fue realizada en Madrid.

Jovellanos apoya su mano derecha en un bastón, al mismo tiempo que cruza la pierna derecha por delante de la izquierda en gesto de convenida elegancia y distinción. A la casaca anteriormente mencionada la acompaña por debajo un chaleco de color blanco, además de calzón de tono parduzco, medias blancas y zapatos de hebillas plateadas. En la mano izquierda porta un sombrero negro. Y, cómo no, en la cabeza lleva la peluca digna de un jurista o de una alta personalidad de la época.

Este hombre de mente preclara, gran cultura y batallador en las nobles y justas causas tiene depositados sus restos mortales en la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, en Cimavilla (Cimadevilla), al lado de su casa natal. No son pocos los asturianos a quienes he tenido qué mostrar la capilla con la urna, ante su asombro -y el mío-. Este es otro lugar al que tendrían que ir todos los colegios de Asturias (a modo de peregrinación) a rendir pleitesía y honores a don Melchor Gaspar de Jovellanos y, de paso, conocer algo más de su biografía.

Y, cuando uno lee sobre las andanzas y desventuras de este hombre glorioso, se pregunta si no hay más Jovellanos en España. Si no hay personas como él, con su arranque y con sus ganas de hacer que la región y el país entero florezca y progrese. Estoy convencido de que tiene que haber personas así, personas como él. No puedo creer que, en un país que tiene ya 47 millones de habitantes no haya más Jovellanos, más personas con la suficiente preparación intelectual y motivación personal para ponerse al frente y hacer que todos rememos en la misma dirección. ¿Dónde estás, Jovellanos? Ven e ilumínanos.

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