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El "multicaso PSOE"

Este es uno de esos momentos en que el escándalo deja de ser coyuntural para convertirse en atmósfera. Lo que estamos viendo estos días en el Tribunal Supremo, con las derivadas del llamado "caso mascarillas" y sus múltiples ramificaciones, empieza a tener un humor denso e irrespirable. No es un episodio aislado, ni una pieza más del habitual intercambio de reproches entre partidos, se trata de un mosaico de prácticas, nombres y comportamientos zafios que, sumados, dibujan algo más inquietante. La estrategia del PSOE, que se aferra a que es una nueva versión de lo que ya sabíamos, sumado al "y tú más" y al argumento de que todo responde a una campaña de desgaste, parece insuficiente ante la acumulación diaria de revelaciones. Porque aquí no hablamos solo de contratos inflados o comisiones opacas, sino de un ecosistema donde se mezclan poder, dinero, relaciones personales y una preocupante banalización de lo público, hasta el extremo que se invoca la figura de Torrente desde cualquier esquina. Las referencias a Ábalos, a su entorno, a las relaciones personales convertidas en canales informales de influencia, o al trasiego de dinero en Ferraz, componen una narrativa difícil de despachar como rutina política.

Lo verdaderamente alarmante no es que existan casos de corrupción —España, por desgracia, tiene experiencia en eso—, sino la sensación de que nos encontramos ante un "multicaso", una estructura mugrienta donde diferentes piezas encajan y se retroalimentan. Cada nueva revelación no sustituye a la anterior, sino que la amplifica. Quizá lo más preocupante sea la erosión progresiva de la confianza. ¿Confianza?, se preguntarán algunos conscientes de que esa palabra ha dejado de tener significado para convertirse en una simple toma de posiciones partidistas cada vez más enfrentadas. No deja de tener su gracia, incluso su desgracia, que el partido del Gobierno que en estos momentos encarna la corrupción llegase al poder valiéndose de una moción de censura a los corruptos.

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