Opinión
Un ingeniero sencillo y un gran profesor
En recuerdo del catedrático José Ignacio Verdeja, recientemente fallecido
Sí, José Ignacio Verdeja ha marchado al Cielo, lugar que añoraba muchas veces porque deseaba estar con su Creador después de una larga vida de trabajo bien hecho en su presencia. Así, nos deja un muy buen ingeniero, miembro numerario del Opus Dei, con una dedicación apostólica ejemplar, imbricada en su vida, habiendo dejado un notable poso humano y espiritual en su entorno y particularmente en Avilés, donde era muy querido por su atención personal a tantos.

Un ingeniero sencillo y un gran profesor
Hablar de la formación de este doctor ingeniero de Minas es labor innecesaria por lo dilatada, y por, sin la menor duda, tratarse de uno de los mejores ingenieros formados y que trabajaron en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Oviedo. Sus doctorados por París y Oviedo en Materiales y las graduaciones en Tecnología Nuclear y en Materiales en París son un aval de lo anterior.
En el plano profesional, su vida de investigación y trabajo en y para la empresa no cejó desde que consiguió sus graduaciones nacionales e internacionales, habiendo siempre conseguido la solución de problemas prácticos reales en la fabricación y empleo de materiales metálicos, en particular del acero. Este trabajo lo tuvo siempre relacionado con la gran industria asturiana y las empresas productoras, transformadoras y de desarrollo de nuestra tierra.
Hace bien pocas semanas recuerdo sus comentarios sobre el terrible desastre de Adamuz, que demostraban su tremendo conocimiento del comportamiento del acero de carril y su soldadura aluminotérmica para la alta velocidad, por haber estado en el desarrollo de la misma con una ingeniería gijonesa, suministradora internacional. Por solo citar un detalle de su mucho hacer.
El querer servir fue siempre el motivo de su estudio y actividad docente, investigadora y del desarrollo industrial. El número de ingenieros valiosos que se formaron con sus lecciones, sus direcciones investigadoras, los libros de alto nivel educativo... Su legado es muy importante. Y es que un gran profesor deja una huella indeleble en las personas que forma, que nunca olvidarán lo recibido.
En el caso del profesor José Ignacio Verdeja cabe resaltar, además del trabajo bien hecho, su sentido transcendente de la vida, que le llevaba también a ser el mejor amigo de quienes nos dirigíamos a él para escuchar sus sabios consejos. Me place recordar cómo, al punto de retirarse de su actividad como catedrático de Metalotecnia y Ciencia de Materiales, se propuso dejar para el conocimiento a nivel internacional varios libros que editó la mejor empresa europea en el campo técnico. No podía ser mejor servicio a la Ingeniería y Ciencia de Materiales en el campo del acero y otras aleaciones férreas.
Estoy convencido de que el buen hacer de este querido profesor deja un marchamo indeleble en la ingeniería superior de Minas involucrada tanto en la docencia como en la profesión.
Descanse en paz.
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