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Yago González

Yago González

Redactor de Economía.

La resaca asturiana de la marcha de Ángel Escribano

El reequilibrio de poderes e intereses en Indra tras la dimisión del directivo

El expresidente de Indra, Ángel Escribano (en el centro), y el CEO, José Vicente de los Mozos, saludan a mandos militares en Oviedo, el pasado 17 de marzo.

El expresidente de Indra, Ángel Escribano (en el centro), y el CEO, José Vicente de los Mozos, saludan a mandos militares en Oviedo, el pasado 17 de marzo. / Miki López

«La situación es muy delicada». En una cafetería del centro de Oviedo, una persona que ha seguido muy de cerca la actividad de Indra en Asturias durante el último año resume con esa frase las perspectivas que ha abierto la dimisión de Ángel Escribano como presidente de la compañía española de defensa. Durante su mandato, el directivo madrileño no ha tratado a la región como un punto más en el mapa de la ambiciosa estrategia expansiva de la empresa, sino como uno de sus ejes industriales. Un lugar llamado a convertirse en el corazón fabril de la compañía en lo que respecta a su nueva división de carros de combate, Land Vehicles.

«Industria» es una palabra importante para Escribano. Es lo que ha marcado su trayectoria desde que empezó a trabajar en el taller de su padre en Coslada (Madrid), así como su desempeño al frente de su empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), la cual ha convertido junto a su hermano Javier –y gracias en buena parte a los contratos del Ministerio de Defensa– en una de las firmas que con más pujanza han ascendido en el sector en los últimos años.

A los Escribano les gusta lo industrial, les gusta el producto físico, les gusta lo que se puede ver y tocar. No son afines a planes etéreos con términos rimbombantes. Tampoco a la diplomacia, el calculado verbo y la discreción formal que caracterizan a los altos mandos del Ibex 35. Hablan la lengua franca y concreta de los talleres. Piensan en resultados económicos antes que en equilibrios políticos. Por eso detectaron que la experiencia industrial acumulada en Asturias –minería, siderurgia, naval, metal...– sintonizaba con sus propósitos para Indra y EM&E. Y por eso vieron rápido que el Tallerón de Duro Felguera, con sus 150 operarios especializados en calderería pesada, encajaba para su transformación en una fábrica de blindados.

Ángel Escribano viajó varias veces a Asturias para evaluar sus planes en la región. Trabó una relación fluida con dirigentes del Principado y con organizaciones empresariales locales. Pero esa dinámica se cortó el pasado 1 de abril con su salida de Indra. En Asturias, los más involucrados ya sabían desde hacía semanas que su marcha era cuestión de tiempo. «En cuanto Moncloa giró hacia abajo el pulgar, Escribano estaba sentenciado», señalan los conocedores.

¿Y ahora qué? Tanto Indra como EM&E tienen proyectos pendientes de concretar en el territorio. Fuentes de la primera insisten en que nada cambiará con la llegada de Ángel Simón y con el ascenso de José Vicente de los Mozos como primer ejecutivo. «Los planes siguen adelante», sostienen desde la cotizada.

Pero en Asturias eso no está tan claro. Cunde el temor de que la salida de Escribano reordene el equilibrio de poderes e intereses en el eje Indra-Moncloa. «Hay movimientos de la burguesía vasca y catalana para captar las inversiones pendientes», indican las fuentes. El contacto de la primera, según esta tesis, es la familia guipuzcoana Aperribay, dueña de Sapa –accionista de Indra que defendió a la SEPI en su propósito de echar a Escribano– y cercana al PNV. Por la parte catalana se apunta a Simón, próximo al PSC. Ambos son partidos políticos importantes para la estabilidad parlamentaria y el futuro electoral de Pedro Sánchez. Una inversión con cientos de empleos puede traducirse en votos y escaños amigos.

Pero también se tiene en cuenta el papel de De los Mozos: «Su guardia de corps procede de sus años al frente de Renault en Valladolid». Un factor que podría desviar el foco inversor a Castilla y León, gobernada por el PP, formación a la que es afín el directivo.

En estas circunstancias, ¿qué piensan hacer los interlocutores de Indra en Asturias? Su plan es una mezcla de estrategia y declaración romántica: «Tenemos que conseguir que surja el amor con De los Mozos». Amor en tiempos de guerra.

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