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La luna

Tras el último viaje al satélite

En la historia de la literatura está recogido el juego que ha dado la luna a los poetas, a los poetas chirles y a los poetas excelsos. ¿Hay alguno que no le haya dedicado un soneto o un tetrástrofo monorrimo?

Y es que la luna inspira: por su blancura, por su silencio, por su lejanía, por su alumbrado, por sus vigilias, por sus despertares, por su lenguaje, hoy llena, mañana creciente, pasado menguante, también por su mansedumbre, su guasa enigmática ...

Para colmo, la luna es inofensiva: se la puede poner en los cuernos de la ídem o se le puede pedir la luna o se le puede ladrar, ella siempre ofrece su rostro metálico que recuerda al abrillantador de cocina o quizás ¿quién sabe? a una máscara usada para descojonarse de todos nosotros (y nosotras).

Para los españoles, la luna es femenina, pero para los alemanes es masculina. Este es otro de sus entretenimientos interminables, destinado a volvernos locos, a hacernos a todos un poco lunáticos.

Personalmente, y valorando mucho lo del "polisón de nardos" del poema lorquiano, me quedo con Tomás Morales:

"La luna plena es un diamante / que lanzó la onda de un gigante / y en la alta noche se clavó".

Pues a esta luna, desnuda, mágica, fantasma amamantado en su cuna de distancias, prodigio y espejismo a la vez, es el lugar al que han ido unos valientes científicos norteamericanos. Envidio a estos sujetos por su arrojo al emprender una aventura más allá de las nubes, allá donde los siglos hacen burlas al Tiempo, pero mi envidia sube de tono cuando pienso que estos bienaventurados son los seres humanos que más lejos han estado de la Tierra.

¿Alguién concibe una dicha mayor? Cierre los ojos, querido lector, e imagine a alguien que pueda gozar de un espacio en el que no se hable del botarate que dirige este o aquel país y envía a miles de compatriotas a morir en una trinchera o en la cabina de un avión, del trapacero que engaña a su ciudadanía con camisetas, cuentos y embelecos, del ladrón progresista, atascado de vulgaridad, que yace con hembra untada con el dinero que ha pagado el menestral, de los bellacos guisados y especiados en amaños de contratos, de los golfos en infatigable posición de asalto al erario público ... ¿No es esto el Paraíso que las religiones prometen?

Nos dicen que la nave tripulada por estos americanos de las peripecias no ha "alunizado", es decir, no se ha posado sobre la superficie de la luna.

Este es el indicio definitivo que permite sostener que está habitada, justamente por esos selenitas que aparecen en la ópera de Haydn "Il mondo della Luna".

Seres admirables, bien celosos de su intimidad lunática, de sus privilegios extraterrestres, del señorío que se alimenta de estar lejos del estercolero de la Tierra.

Jamás consentirían que apareciera en su luna el ser humano, hasta allí habrá llegado algún ejemplar del "Criticón" y del resto de la obra de Baltasar Gracián, un jesuita que tenía razones fundadas para conocer la maldad de sus congéneres. En ella se habrán ilustrado para defenderse de la llegada del hombre.

Envidiemos la tranquilidad eterna de los selenitas. Si se confirma que además desconocen el ácido úrico e ignoran los resultados de la champions y la contrachampions ¿qué mayores dichas pueden imaginarse?

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