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La burbuja fiscal hace cada año más pobres a los asturianos

El Principado no puede seguir obligando a los ciudadanos a cargar con la cruz de los impuestos, más pesada aquí que en ninguna otra parte y acrecentada al no tener en cuenta la inflación

La burbuja fiscal hace cada año más pobres a los asturianos

La burbuja fiscal hace cada año más pobres a los asturianos / .

¿Qué dirían los contribuyentes si se anunciara mañana una subida fiscal del 3,6%? Nadie aceptaría sin más el golpe a su bolsillo. Ese incremento, en silencio, se dio en 2025 porque el Gobierno central y el Principado no ajustaron los tramos del IRPF a la inflación. Los asturianos siguen así perdiendo poder adquisitivo. Pagan como nadie y son cada año más pobres que el resto de los españoles. 

Los números hablan por sí solos. La no deflactación de la tarifa del impuesto sobre la renta y la falta de actualización de los mínimos personales y familiares a nivel estatal obligarán a cada asturiano a desembolsar una media de 340 euros más en la declaración que está cumplimentando estos días. El Gobierno asturiano intenta dulcificar la burbuja fiscal en la que vive inmerso. Aunque defiende las bondades de sus deducciones y cuantifica en 133 millones lo que se ahorrará gracias a ellas, el caso es que al final de esta campaña va a alimentar sus arcas con 38 millones extra respecto a lo conseguido durante el ejercicio precedente.

El grueso del incremento no sale de los millonarios, uno de los mantras favoritos en la doctrina de lo políticamente correcto desde la izquierda, sino de quienes carecen de escapatoria: una buena parte de las clases medias y bajas. El Principado es la segunda comunidad donde más IRPF pagan los contribuyentes con menores ingresos, atestiguan los expertos. Que a la hora de tributar existen enormes desigualdades entre los ciudadanos según donde residan constituye una evidencia. Y en la foto, los asturianos salen especialmente desfavorecidos.

Esconder el trampantojo

La llamada "vía fiscal asturiana" esconde un trampantojo. Lo repiten los economistas y los asesores fiscales, profesionales que manejan los datos cada mes de abril, mayo y junio. Las rebajas tienen un impacto limitado y mucho de "eslogan rimbombante" antes que de "realidad", según sus palabras textuales. Benefician a un reducido número de declarantes y en cuantías pequeñas. Además, no diferencian en nada al Principado del resto de regiones. Todas cuentan con una arquitectura propia de deducciones –incluso superiores– a la que añaden gravámenes menos asfixiantes.

En una década, las familias españolas pagan un 30% más de IRPF, según análisis académicos de referencia. Los políticos han hallado en la inflación un artilugio mágico para financiar sus fuegos de artificio al sangrar por el procedimiento del descuido a los ciudadanos. España logró en 2025 su primer superávit primario en mucho tiempo: los ingresos superaron a los gastos. Un saneamiento ficticio de las cuentas porque no responde ni a un avance en la gestión ni a una marcha espectacular de la economía, sino a la implacable voracidad recaudadora para alimentar unos compromisos de pago disparados.

Solo el Gobierno asturiano elevó en el último lustro en 800 millones los ingresos por tributos. Esta holgura no redunda en el funcionamiento óptimo de los servicios. La sanidad sufre desgaste, con quejas reiteradas de los usuarios y listas de espera. La burocracia engorda y enreda la tramitación a pesar de las iniciativas para simplificarla. Además, el volumen de la deuda –gigantesca a nivel nacional, el 101% del PIB– ronda límites peligrosos, una amenaza si suben los tipos.

El domingo hablábamos en este mismo espacio editorial del desprecio a los asturianos por todo lo que ocurre con el peaje del Huerna. El Ejecutivo de Barbón, poco combativo y muchas veces dócil con el mando, decidió esta semana poner pie en pared y llevar el caso al Supremo. ¿Cuándo se plantará con los impuestos y rectificará ante el clamor popular? No puede seguir obligando a los asturianos a llevar esta cruz. En pleno ajuste de cuentas con el Fisco, conviene recordarlo.

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