Opinión
Un pacto ficción
El entendimiento entre el PP y Vox en Extremadura
Firmar un pacto incumplible es un pacto ficción. Y si llegase el caso de intentar llevarlo a cabo sería perjudicial para cualquiera de los pactantes. Supongo que inútil también. En Extremadura han llegado a un acuerdo de gobierno en el que van contra la Constitución, contra el derecho humanitario y contra la igualdad de las personas. Pero parece que ha sido la única forma de formar un gobierno autonómico en la gran región suroccidental, la región de los castúos, la de los avezados conquistadores.
Tras cuatro meses de negociaciones, los líderes nacionales de los partidos de derecha en Extremadura han pactado un gabinete en el que participarán el Partido Popular y Vox. Pero ese pacto, que ya en la anterior legislatura demostró que ambas formaciones políticas no son muy compatibles, puede ser papel mojado, una ficción para no tener que convocar nuevas elecciones y conservar el poder en sus manos. Además, la disculpa para que la presidenta adelantase los comicios fue que necesitaba “desprenderse” de la presión de la ultraderecha y ganar con cierta holgura para gobernar en solitario. Los comicios no la liberaron y, a pesar de que en la legislatura anterior se había visto obligada por la jefatura del partido a aceptar un acuerdo e intentó rechazar la alianza, no tuvo más remedio que admitir el pacto.
Ahora, tras muchas semanas de negociación y en espera de los resultados en Aragón y Castilla y León, la líder del Partido Popular en Extremadura, se ve “obligada” a pactar un acuerdo que niega la igualdad de los votantes en cuanto a previsibles derechos. Lo que será rechazado por el resto del estamento electoral nacional y la judicatura por conculcar derechos fundamentales reflejados en la Carta Magna. Además, otros dirigentes del PP, como la presidenta de Madrid o el líder en Andalucía, no han visto con buenos ojos el acuerdo extremeño. Isabel Díaz Ayuso porque prefiere gobernar en solitario y Juan Manuel Moreno Bonilla porque aspira a la mayoría absoluta (“mayría de estabilidad”, dice él huyendo de la palabra “absoluta”) y el pacto extremeño, que haría de ejemplo de cogobierno, puede hacerle perderla. Pero la “obsesión de Génova” es debilitar al Gobierno de Sánchez cueste lo que cueste. Y el partido de Abascal, con acuerdos como el de Mérida (desde Madrid), escala otro peldaño en su salto a las generales.
Cuando digo que puede ser perjudicial para cualquiera de los pactantes me refiero al rechazo general por contradecir la Constitución, lo que significaría su nulidad. Y un ejemplo pernicioso para el resto de los españoles. También una ruptura en la gobernabilidad y, posiblemente, nuevos comicios. Porque demostraría la incapacidad de los políticos causantes.
Extremadura, tierra de emigrantes y conquistadores (castúos, se autollaman sus descendientes), parece ser tierra negada a admitir que necesita, no solamente mano de obra, sino también savia nueva, renovadora, que la lleve a la modernidad, a la innovación en muchos terrenos, que la saque de un histórico atraso en la que la han dejado propios y extraños. Extremadura necesita la rebeldía de gente joven, emprendedora, salir del poder de una oligarquía que prefiere que sea una región dócil y fácil de manejar a su antojo.
Y unos políticos que rechacen el inmovilismo, que luchen contra el machismo, que combatan su violencia contra las mujeres, que luchen contra la xenofobia. La comunidad extremeña es una de las zonas de España a donde llegan menos inmigrantes; apenas tiene un 4,7% de extranjeros cuando la media nacional supera un 14%. El acuerdo pactado en Madrid para Extremadura es tan negativo que la misma presidenta María Guardiola (PP), aspirante a gobernar de nuevo ha llegado a decir cosas como estas: “No puedo dejar entrar en el Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista… a quienes están deshumanizando a los inmigrantes”. Pero la negociación la han hecho los dirigentes de Madrid y uno de los negociadores señalaba: “El irregular va a tener más estímulos para irse que para quedarse”, decía el gijonés José María Figaredo (Vox). Los castúos conquistaron a los americanos mientras la derecha expulsa a los americanos de Extremadura.
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