Opinión
Modelo económico asturiano: poco motor para tanto remolque
Más de la mitad de la riqueza que genera Asturias se destina, directa o indirectamente, a la acción del sector público
José Manuel Ferreira es empresario y vicepresidente de la Cámara de Comercio de Oviedo
Asturias avanza, sí, pero despacio: como un coche con buena carrocería, pero con un motor que no responde con brío. Mientras pierde fuerza, arrastra un remolque que no deja de crecer, año tras año. Y llega un momento en que una mirada honesta al retrovisor obliga a plantear la pregunta de fondo: ¿cuánto tiempo puede seguir tirando un motor que se va quedando corto, mientras el remolque no deja de ganar peso?
Los números oficiales más recientes invitan a deliberar. No es una equivalencia técnica con el PIB, sino una forma de medir el tamaño de los flujos públicos que sostienen la vida cotidiana. Para tomar perspectiva, si sumamos el Presupuesto del Principado (6.993 millones), las pensiones pagadas en la región (6.679 millones), los presupuestos consolidados de los 78 municipios asturianos (1.252 millones) y la actividad presupuestaria del Estado en Asturias (1.100 millones), el total supera los 15.900 millones. Puesto junto al PIB regional (30.012 millones), el dato habla solo: en torno al 53% de la riqueza que genera la economía asturiana se destina, directa o indirectamente, a la acción del sector público. Con esa proporción, lo público deja de ser solo soporte: pasa a marcar el rumbo.
Una economía que abriga… el riesgo de la inercia.
Nada de demonizar lo público; al contrario: es imprescindible en una región envejecida, dispersa y con grandes desigualdades territoriales. Detrás de ese gasto hay vidas: consultas, cuidados, dependencia, escuelas, pensiones. Pero cuando lo público pasa de ser apoyo a convertirse en columna vertebral cuantitativamente dominante, aparece un efecto que muchos percibimos: Se protege el presente, pero se hipoteca el futuro. Se evita el colapso, pero se frena el dinamismo.
El problema no es moral ni ideológico; es de equilibrio. Y las mecánicas económicas, como las de los motores, no entienden de opiniones: entienden de fuerzas, de tracción y de cargas.
Un sector privado sin escala suficiente.
El sector privado asturiano no flaquea por falta de talento –lo hay, y abundante–; flaquea porque compite con el freno echado. Opera en un ecosistema poco propicio, y a menudo desconfiado, que convierte cada paso en un trámite y cada inversión en una carrera de obstáculos.
Y queda el elefante en la habitación: la escala. Con demasiada empresa pequeña, cuesta exportar, innovar y pagar salarios capaces de retener talento. El resultado es un tejido privado con escasa tracción justo cuando más falta hace.
Mientras tanto, el sector público aporta estabilidad en forma de pensiones, nóminas, transferencias y servicios. Esa estabilidad es necesaria; pero si se vuelve hegemónica, acaba moldeando el entorno: menos urgencia por crecer, más aversión al riesgo y mayor tolerancia social a que la iniciativa privada sea pequeña y frágil.
Sin empresas fuertes no hay economía que avance. Y hoy, en Asturias, el tejido privado no actúa como locomotora porque, sencillamente, aún no ha alcanzado el tamaño necesario.
Nombrar para comprender.
Cuando a algo no se le pone nombre, se vuelve invisible. Por eso es útil –y valiente– bautizar con claridad nuestro modelo económico.
Podemos llamarlo economía de refugio: protege, pero no nos mueve.
O economía intervencionista, porque lo público marca la pauta.
Mejor aún: aspirar a una economía de la responsabilidad, donde lo público y lo privado empujen, cada uno, lo suyo.
Y, si nos atrevemos, construir una economía de la oportunidad: la que libera energía empresarial de verdad.
Pero, hoy por hoy, la imagen más ajustada es la del coche con un remolque sobredimensionado: un sistema que se sostiene, sí, pero al que le cuesta cada vez más convertir estabilidad en avance, en prosperidad y en cohesión social.
El reto: aligerar el remolque y potenciar el motor.
No se trata de recortar servicios esenciales y bienestar –aunque sí de desprenderse de pesos muertos–, sino de fortalecer lo que empuja. Si hubiera que priorizar, lo resumiría en tres verbos: agilizar (menos burocracia y plazos razonables), escalar (empresas más grandes y productivas) y dar certidumbre (reglas estables, suelo y energía competitivos).
Asturias necesita que emprender deje de ser una carrera de obstáculos y pase a ser una opción viable, digna y atractiva. Para eso hacen falta empresas que nazcan, innoven, crezcan y compitan; y empleo que dependa menos del presupuesto. En resumen: energía económica propia, no solo renta administrada.
¿Queremos avanzar… o conformarnos con no retroceder?.
Asturias tiene talento, historia y recursos para hacerlo. Lo que falta –como en cualquier tarea colectiva seria– no es una fórmula mágica, sino lo esencial: diagnóstico compartido, determinación y constancia. Porque resistir no es un proyecto.
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós a las multas por la etiqueta B en ciudad: el Supremo tumba las Zonas Bajas en Emisiones (ZBE)
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para hacerse con la lámpara recargable que es la más barata del mercado: es ideal para irte de vacaciones
- Es invierno en mayo: está nevando en la autopista del Huerna y los termómetros caen en Asturias hasta los 4 grados bajo cero
- La apalearon, pisaron su cabeza y le robaron la cartera en presencia de su hijo de dos años: enviada a prisión la pareja detenida por la brutal agresión
- Comienza el derribo de los silos de alúmina de la antigua Alcoa que dará paso a la nueva fábrica de Windar
- Bombazo musical en Oviedo: los gestores del Movistar Arena, dispuestos a hacer grandes conciertos en el Palacio de los Deportes
- El plan estrella del Principado para reducir los atascos en Oviedo: un tercer carril y mejoras en los enlaces de la autovía
- Cuenta atrás para la reapertura del Hotel Truita en el centro de Cangas del Narcea
