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Fernando Monreal

Fernando Monreal

Doctor en Medicina y Cirugía

La "princesa futbolera" y el sarcoma de Ewing

El emotivo caso de la niña salmantina María Caamaño, fallecida a los 13 años

Fernando Monreal es doctor en Medicina y Cirugía

Hace unos días murió María Caamaño Múñez, la llamada "princesa futbolera guerrera". La salmantina tenía 13 años, y la habían puesto el apodo futbolero por haber levantado la Eurocopa en Cibeles con la Selección Española de Fútbol en 2024, tras la final en Berlín.

Le diagnosticaron de sarcoma de Ewing en 2019 y desde entonces peleó con ahínco contra la enfermedad. Pero, aun así, nunca perdió su sonrisa contagiosa y tranquilizadora. Ahora es el cielo el que tiene la sonrisa más bonita.

La "princesa futbolera", un apodo que resumía su pasión por el deporte y, en especial por el Atlético Madrid, ha sido un símbolo de la lucha contra el cáncer infantil. Porque como ella decía: "Sin investigación no hay vida". La importancia de la inversión en investigación de las enfermedades es crucial para su posterior tratamiento y para mejorar la salud de todo el mundo.

¿Pero, qué es el sarcoma de Ewing? Pues es un tipo de cáncer poco común que se origina en los huesos o en los tejidos blandos que los rodean (músculos, grasa o tejido conjuntivo). Y, aunque es una noticia difícil de digerir, la ciencia ha avanzado muchísimo en su tratamiento en las últimas décadas.

A diferencia de otros cánceres que suelen aparecer en la edad adulta, el sarcoma de Ewing es un cáncer infantil y juvenil. La mayoría de los casos se diagnostican en adolescentes (entre los 10 y 20 años), aunque puede ocurrir a cualquier edad, y es ligeramente más común en hombres que en mujeres.

Es importante aclarar que no es hereditario ni está causado por el estilo de vida (dieta, ejercicio o exposición ambiental). Se produce por un error genético aleatorio que ocurre después del nacimiento. En la gran mayoría de los casos, dos fragmentos de ADN de cromosomas distintos se intercambian de lugar. Este fenómeno se llama translocación. El resultado es un "gen de fusión" (generalmente el gen EWSR1) que actúa como un interruptor de luz que se queda atascado en "encendido", ordenando a las células que se multipliquen sin control y generando así el cáncer.

Suele aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero los lugares más frecuentes son los huesos largos, tales como el fémur (muslo), la tibia (espinilla) o el húmero (brazo). También en los huesos de la pelvis, al igual que en costillas y omóplatos. En el caso de que se disemine y de metástasis suele hacerlo en los pulmones y otros huesos.

El síntoma más común es el dolor, que a veces se confunde con "dolores de crecimiento" o una lesión deportiva que no termina de curar. Este suele empeorar a la noche o con la actividad física. Se suele notar una hinchazón en la zona afectada, y puede coexistir el proceso tumoral con fiebre de origen desconocido y cansancio extremo.

El tratamiento suele ser multidisciplinar (cirugía, radioterapia y quimioterapia). Y la nota de esperanza es que, gracias a los modernos protocolos terapéuticos, la tasa de supervivencia ha mejorado drásticamente. En casos donde el tumor está localizado, la probabilidad de curación es alta, y la investigación actual se centra en terapias dirigidas que ataquen directamente ese "interruptor" genético sin dañar las células sanas.

La enfermedad debe su nombre al médico anatomo-patólogo estadounidense, James Ewing (1866-1943), por ser el primero en describir este tipo de tumor. Gran investigador de los tumores falleció (ironías del destino) a causa de un cáncer de vejiga a los 76 años.

El legado de María continúa vivo en la labor de la asociación que lleva su nombre. Descanse en paz.

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