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Regularizar… pero con tiento

Dos posiciones muy recientes de dos personalidades muy distintas y con mucho peso se acaban de expresar a favor de la regularización. En los almuerzos del Port Olimpic de El Periódico, el presidente de “la Cambra”, Josep Santacreu, no dudó en afirmar: “Un país digno no puede permitirse tener miles de personas en el limbo. Humanamente es una barbaridad y económicamente tampoco tiene ningún sentido”. La actitud de Santacreu, que preside también las trece cámaras catalanas, es relevante porque siempre busca la ecuanimidad y la defensa de los intereses generales.

Cierto que el líder del PP ha dicho que “la regularización es inhumana, injusta, insegura e insostenible”. Pero Luís Guindos, con gran autoridad moral en el mundo del PP y de la derecha liberal europea -fue ministro de Economía de Rajoy y ahora es vicepresidente del BCE- afirmó el martes, en un acto en La Razón, que “la inmigración es indispensable para España y Europa, aunque sé que hay entornos en lo que eso no es muy popular”. Y añadió, “flujos migratorios ordenados y evitando efectos llamada o la intervención de mafias”. Nadie lo duda. Pero es lo que no se ha sabido hacer, ni aquí ni en muchos países. ¿Quién tiene razón? Quizás lo que pasa es que Guindos no está condicionado por intereses electorales a corto, o por los pactos del PP con Vox.

Y una encuesta de El Periódico del jueves -cuando ya se había decidido- nos permite saber más lo que sienten los ciudadanos. El 95% ya ha oído hablar de la regularización y la medida tiene una aprobación bastante amplia, pero está lejos de hacer la unanimidad. El 58%, contra el 41%, cree que debe regularizarse a los “sin papeles” que viven en España. Y el 56%, contra el 43%, opina que es necesaria. Un porcentaje similar piensa que tendrá efectos positivos sobre la economía.

Pero la regularización también divide. Sólo el 51,9%, contra un alto 48,1%, manifiesta expresamente su aprobación. Los electores de izquierdas son muy favorables y los de la derecha bastante contrarios. Y nada menos que un 70%, contra un 30%, cree que puede incentivar que vengan más inmigrantes irregulares. El siempre temido efecto llamada. Y, muy llamativo, mientras la mayoría de los hombres no aprueban la regularización (54% contra 46%), una mayor mayoría de las mujeres (57% contra 43%) la respalda.

La regularización es pues necesaria y conveniente, pero sería muy desable un mínimo acuerdo entre los dos grandes partidos. Uno, porque el PP gobierna la mayoría de las comunidades, cuya actuación para la integración parece esencial. Y el PP no sólo está en contra, sino que ha avalado -por presión de Vox. pero contra Caritas y la mayoría de los obispos- la divisiva idea de la “prioridad nacional”. Dos, porque en otros países como Suecia y Francia la inmigración ha acabado dividiendo profundamente a la sociedad. Por eso, según la mayorá de encuestas, el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen ganará la primera vuelta de las elecciones presidenciales de dentro de un año. Cierto que en Francia la inmigración norteafricana es muy fuerte mientras que aquí el choque cultural es menor por el gran peso de la latinoamericana. Incluso Ayuso se opone a la “prioridad nacional” porque aspira a recibir muchos votos de los venezolanos -no todos son ricos- que han huido de su país por la penuria económica.

Por último, la mayoría de países europeos quieren limitar -no sin contradicciones- la inmigración. Meloni, por ejemplo, combate con gran fuerza la ilegal -las pateras- pero ha llegado a “discretos acuerdos” para dar un millón de permisos de trabajo a extracomunitarios. Regular la inmigración interna es competencia española -otra cosa es el control de las fronteras exteriores-, pero no debe olvidarse que en la Europa de Schengen un inmigrante regularizado puede viajar libremente a los otros países comunitarios. Y ello puede originar problemas.

Conclusiones. Una, la regularización es aprobada, humanitaria e inevitable. Dos, debería despolitizare y pactarse el máximo posible. Tres, para que nadie se sienta perjudicado deberá ir acompañada de una mejora de los servicios públicos. Cuatro, cierta cautela es obligada porque en otros países ha generado problemas. ¿Cuanto más diverso es, más cuesta cohesionar un país? n

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