Opinión
Los impuestos van en nómina
Las clases medias, abrasadas por la carga fiscal
Para que luego digan que este Gobierno es de izquierdas. De una izquierda peculiar: la que redistribuye exprimiendo a quienes viven de una nómina. España ya se cuela en el top 10 mundial de países que más castigan el salario. No lo dice ningún panfleto liberal, sino la siempre incómoda OCDE, árbitro frío de las cifras.
El trabajador medio entrega más del 41% de su sueldo entre impuestos y cotizaciones. A la altura de Alemania o Francia, sí, pero con una diferencia crucial: allí los salarios permiten vivir; aquí apenas alcanzan para resistir. Europeos para pagar, españoles para cobrar. Hacienda somos todos, aunque algunos bastante más que otros.
Desde 2018, el año nada casual de la moción de censura, la cuña fiscal no ha dejado de engordar. No mediante subidas estruendosas, sino por la vía silenciosa de los hechos consumados: no deflactar el IRPF y dejar que la inflación haga el trabajo sucio. Se paga más sin saber por qué, ni cuándo.
El sistema es tan “progresivo” que cualquier mejora salarial se convierte en un castigo. Te suben un 1% y tributas como si fuera el doble. Se trata de una manera sutil de desplumar a las clases medias y de conducir a las rentas bajas a máximos históricos de esfuerzo fiscal. Y sin rechistar.
Se recauda como en Europa, se paga como en el tercer mundo. No se gana más, pero se cotiza como rico. Y el poder adquisitivo, más congelado que un bombón de La Ibense. Porque no hay nada más de izquierdas —al parecer— que subir impuestos. Pero siempre a los mismos.
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