Opinión

Doctor en Medicina y Cirugía
¿Qué Sanidad queremos?
La situación de los profesionales ligados al ámbito de la salud
¿Estamos seleccionando a los mejores médicos del futuro o a los mejores estudiantes, con las notas más altas de la EBAU? Cuando sólo se valora la nota de corte, ¿cómo se valora la empatía con el paciente?, ¿dónde queda la vocación?, ¿dónde las habilidades interpersonales?
Reducimos el acceso a una profesión tan profundamente humana (y por lo tanto vocacional) a un número de ranking. Pero, finalizada la carrera de seis años de duración (estudios harto exigentes), tendrá que prepararse una oposición nacional (su preparación le llevará un mínimo de un año), tras la cual podrá elegir la que será su especialidad, su actividad profesional para toda la vida. Pero superar el examen no sólo determinará el acceso a la especialidad, sino también donde vivirá durante los años de formación. Durante los años de formación no será un estudiante, sino un médico que cubrirá las actividades hospitalarias que el resto de los médicos no desean realizar por la dureza de los mismos. Descubre muy rápido que el hospital funciona porque él hace cosas que no debería de hacer todavía. Y así, muchas de sus guardias y de su quehacer diario no son formativos, sino puramente asistenciales. A cambio recibirá unos emolumentos que rayan el ridículo o la vergüenza: en 2025, un R1 -médico residente de primer año-, percibía alrededor de 1.301 € brutos mensuales, sin guardias. El salario mínimo interprofesional se ha fijado en 1.184 € mensuales.
Los médicos complementan su jornal con las guardias, es decir, con jornadas laborales extenuantes de 24 horas, abonadas, a 14 € netos la hora. Esto quiere decir que, si el médico necesita contratar a alguien para que cuide a sus hijos durante la guardia, puede llegar a cobrar menos que lo que paga por ese cuidado.
Pero, además, estas guardias se consideran “horas complementarias”, pues si fueran horas extraordinarias no habría dinero para pagarlas, amén de ser ilegales. Es lo que tienen los cambalaches de la retórica. Y, todavía voy más allá: estas horas de guardia se abonan menos que las horas normales de trabajo. Pero, además, no computan a efectos de cotizaciones y jubilación. O, mejor dicho, la guardia de 24 horas se cotiza como una jornada laboral normal, es decir, de 8 a 15 horas, con lo que cada día de guardia hay 17 horas que no computan, que están en el limbo. En un año, a cinco guardias mensuales, hay unas mil horas que no se tienen en cuenta para la vida laboral.
Y un facultativo especialista que, con suerte acceda a una plaza interina en el sistema público de salud, tras doce años de formación intensiva alcanzará un salario en torno a los 2.500 € brutos mensuales. Luego lo complementará con las guardias. Mientras, el salario medio de los médicos ha aumentado un 4% en los últimos diez años, pero el IPC ha subido un 24%. Todo sube, menos el reconocimiento y la retribución del personal médico.
Recientemente, el Ministerio de Sanidad ha presentado el borrador de un nuevo Estatuto Marco que, lejos de mejorar el trabajo y la dignidad de los médicos añade burocracia, dejando sin respuestas las demandas más urgentes del personal médico.
Con estos antecedentes no debe sorprendernos que cada vez más médicos españoles emigren a países donde se los valora profesionalmente y se les ofrecen mejores condiciones laborales. Porque no todo es dinero, sino que, en estos países (Alemania, Francia, Suiza, Italia, Noruega...) permiten realizar mejor el trabajo diario, con más tiempo para atender a los pacientes, mejores condiciones laborales y mayor reconocimiento profesional.
Da pena recordar aquellos aplausos desde los balcones durante la pandemia del Coronavirus. Aquellos gestos de admiración y agradecimiento colectivos hoy suenan huecos ante la precariedad legislativa y el silencio administrativo.
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