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Socialismo vs democracia

Sobre la recuperación de la socialdemocracia

Hubo un tiempo en el que se pensaba que el paraíso socialista no era otra cosa más que eso, un paraíso aquí en la Tierra. Eran admirados algunos países socialistas como Cuba tan próxima culturalmente, antes de conocer la pobreza que se cernía sobre la isla no siempre debida al perverso bloqueo norteamericano. Tras el decepcionante ciclón Stalin la URSS había dejado de ser un paraíso pues muchos de sus ciudadanos huían o deseaban escapar del tan ansiado Edén.

De todos modos, el considerar, al menos en teoría, que todos los hombres eran iguales no dejaba de ser un ideal que ya se había proclamado en los derechos del hombre y el ciudadano de la Revolución Francesa.

La izquierda realmente existente seguidora de tales principios se constituía así en el referente ético de la humanidad y de ahí su supuesta "superioridad moral".

Sin embargo, y es curioso constatarlo, la democracia no formó nunca parte de sus prioridades, bien porque se creía que una vez habitado el denominado "paraíso" socialista las personas ya no tendrían ninguna duda de qué modelo social elegir, aceptándolo por aclamación sin falta de elecciones. O bien por considerar que un pueblo inculto y analfabeto siempre estaría en manos de las poderosas élites burguesas que manejaban los hilos de la trama social en las primeras sociedades industrializadas y en esas condiciones la democracia sería una trampa (Gramsci).

¿Cuándo se rompió esta "sinexión" y se empezaron a unir, conectar, ambos términos?

Fue tras la Segunda Guerra Mundial con la creación de las modernas socialdemocracias que ya incluían explícitamente y no por casualidad el término democracia en su denominación. Fueron los partidos socialistas europeos los que se subieron al carro de las democracias liberales burguesas que ya estaban funcionando con todo tipo de limitaciones, por supuesto, en algunos países anglosajones, con Inglaterra a la cabeza seguida de su "criatura" americana.

Conviene recordar que, pese a las reinterpretaciones desde el hoy, la izquierda - tanto socialista como no socialista, para abreviar - no era ni pretendía ser democrática. La democracia se concebía como un instrumento para alcanzar el objetivo final: la instauración de una sociedad plenamente socialista, como señalaba Marx en su "Crítica del Programa de Gotha" (1875), programa que había sido propuesto por el "Partido Socialista Obrero Alemán", mutado en "Partido Socialdemócrata Alemán" en 1890, actual SPD.

Al final de esa Gran Guerra, como dijimos, resurge con fuerza en Europa el modelo político denominado "Socialdemocracia", que tuvo su correlato en el de "Eurocomunismo" de algunos partidos comunistas europeos que también aceptaban el modelo electoral.

Ahora sí, explícitamente se conectaba el término socialismo con democracia, en una conexión fuerte, sin ambages. Un modelo que se extendió a casi todos los partidos socialistas europeos y que en España se materializó con la renuncia al marxismo del PSOE de Felipe González en 1979.

Así funcionó Europa y sus partidos socialistas y/o comunistas durante casi ochenta años pusieran explícitamente o no el término democracia en sus siglas. Se constituyeron así unos países con una fuerte base social, pero sin renunciar al veredicto de las urnas. Por eso la educación formó una parte fundamental junto con la salud del llamado "estado del bienestar", su columna vertebral.

Fuera de Europa y Norte de América hacía mucho frío, democráticamente hablando. Las pocas democracias existentes (casi siempre importadas de Europa tras la descolonización) tenían los pies de barro y fallaban en casi todos los sentidos en su aplicación práctica, de ahí lo de "repúblicas bananeras".

La fuerte unión entre "estado social de derecho" (igualdad) procedente del socialismo y “democracia”, surgida contemporáneamente en los estados liberales burgueses (libertad), fue la clave del auge de la Europa de la posguerra. El propio Franco coqueteó con ese "obrerismo" planteando en 1942 el seguro obligatorio de enfermedad que protegía a los trabajadores en el caso de enfermedades comunes y maternidad.

Hoy aparece un peligroso cambio de tendencia a uno y otro lado. Vemos como los autodenominados partidos de izquierdas miran cada vez con más recelo los procesos electorales en la idea de que los ciudadanos no eligen lo que tendrían que elegir, esto es a ellos. Y de otro lado emergen grandes magnates, oligarcas, plutócratas o como se quieran llamar, pidiendo cada vez menos regulaciones, o más según les convenga, con el solo y único propósito de acrecentar sus fortunas al viejo estilo capitalista decimonónico.

Solo la vuelta a la centralidad en una especie de "socialdemocracia liberal" puede hacer volver las aguas al viejo molino de la paz y la prosperidad posbélica.

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