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Xuaco, cien años para contar

La historia de un centenario de Ibias a modo de cuento vital

Como si fuese un relato narrado por su sobrina, la contadora de cuentos Ana Capilla, esta noticia podría empezar así: "Érase que se era un hombre tranquilo, amable y confiado llamado José Antonio Álvarez Álvarez que, de repente, casi en un suspiro, llegó a cumplir, en excelente estado de salud, cien años". Para ser exactos, este acontecimiento ocurrirá el 4 de mayo de 2026, con la Luna entrando en su fase de cuarto creciente, momento ideal para sembrar espinacas, lechugas, maíz y tomate.

José Antonio nació en Folgoso, en el concejo de Ibias. Allí se lo conoce como "Xuaco el de casa Xuaquina". Todas las casas del concejo, como tantas otras de Asturias, tienen nombre. Un nombre que es un hilo. Tirando de ese hilo con atención y cuidado, podemos llegar a tejer la historia de quienes vivieron en esa casa.

Al cumplir 94 años de nada, Xuaco decidió ir a vivir a la Residencia de Mayores de San Antolín de Ibias, la única del concejo. Esta residencia también es una gran casa llena de hilos de los que tirar, repleta de vidas entretejidas, de historias para contar.

A Xuaco, el mayor de los hermanos, esto es, el primogénito, le correspondió en herencia la parte principal de la casería. En el occidente asturiano al primero en nacer en una familia se le llama "meirazo", palabra de origen latino que significa el mayor. Y, aunque también es costumbre arraigada mantener que el casado casa quiere, él nunca se casó, aunque, eso sí, trabajó como si tuviera familia numerosa. Y trabajó con denuedo, tanto en el campo como en la mina de carbón de Tormaleo, la misma en la que hoy cinco mineros se han encerrado reclamando las pagas que se les adeudan.

La historia de los 100 años de Xuaco, la que cuenta su sobrina y la que él cuenta hasta sin palabras, es una historia verdadera, esto es, un cuento, pues, en verdad, todos somos cuentos de cuentos que vamos contando cuentos.

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