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El Cristo, una oportunidad para Asturias que no admite más tropiezos

El inicio de los derribos del viejo HUCA debe marcar un punto de inflexión real. El Cristo lleva demasiado tiempo siendo un monumento a la desidia, con cada Administración resguardando su parte y ninguna asumiendo plenamente la visión de conjunto

El viejo HUCA, vallado.

El viejo HUCA, vallado. / Fernando Rodríguez

Que los derribos del viejo Hospital General de Oviedo vayan a comenzar a principios de verano, como desvela este domingo LA NUEVA ESPAÑA, supone un alivio. Pero también obliga a levantar acta de lo que hasta ahora ha sido un fracaso colectivo. Doce años después del traslado del HUCA a La Cadellada, una de las zonas más estratégicas de Oviedo, El Cristo, se ha convertido en un agujero negro que es preciso -y urgente- tapar. No solo por la zona en sí misma sino también porque buena parte del futuro de la Universidad pública se juega en esta partida que se prolonga ya demasiado.

El retraso en acometer un proyecto con el que toda Asturias se juega mucho no puede justificarse como una fatalidad. La construcción del nuevo hospital ofreció años de margen para planificar el destino del viejo complejo, ordenar los suelos, pactar con otras administraciones y preparar unos derribos que, esta vez sí, parecen llegar. El Cristo no fue abandonado por accidente, sino por falta de planificación y empuje político. Y ese abandono ha tenido consecuencias visibles: deterioro urbano, pérdida de actividad, inseguridad, hartazgo vecinal y una sensación muy asturiana de oportunidad aplazada. Un panorama que se repite en la región con otros "monumentos a la falta de previsión", como la estación intermodal de Gijón o el soterramiento de las vías en Avilés.

El inicio de los trabajos debe ser, por tanto, un punto de inflexión real. No basta con volver a poner máquinas en marcha si la operación continúa sometida a calendarios frágiles. Los antecedentes están ahí: un contrato de cinco millones, paralizado tras apenas 101 días de actividad, con una ejecución mínima en la demolición. Esta vez no puede haber otra falsa salida.

A la demora acumulada se suma una incógnita de gran alcance: el futuro de la antigua Residencia Nuestra Señora de Covadonga. Es el mayor inmueble del conjunto y su derribo sigue pendiente de un acuerdo con la Seguridad Social. Mientras esa pieza no quede resuelta, la regeneración de El Cristo seguirá incompleta. No se puede transformar una de las mayores bolsas de suelo de Oviedo a trozos, con cada Administración resguardando su parte y ninguna asumiendo plenamente la visión de conjunto.

Esa visión debe incluir, necesariamente, a la Universidad de Oviedo. El campus B de El Cristo no es solo una operación académica. Se trata de una palanca urbana capaz de reagrupar facultades, modernizar estancias docentes, devolver actividad a un área degradada y liberar suelo en Llamaquique para la imprescindible reordenación de las sedes judiciales. La Justicia en Oviedo lleva años constreñida y necesita espacios más adecuados. Pero ese movimiento depende, en buena medida, de que las facultades puedan trasladarse al viejo HUCA.

En este punto, la actitud de la institución académica merece una reflexión. No se trata de atribuirle culpa en una parálisis que tiene distintos responsables y que nace, sobre todo, de años de inacción política. Pero no parece que la transformación de Minas en nueva sede administrativa vaya en la buena dirección. Más bien se trata de una operación que contraviene el espíritu de la regeneración de El Cristo, pensada para concentrar equipamientos. La vieja escuela se cerró para abrir paso a nuevos espacios docentes pero el Rector dijo digo donde había dicho Diego, con la anuencia del Principado, Administración titular en última instancia de la Universidad. El resultado es que la pretendida unificación acabará consagrando la dispersión y orillando de nuevo las urgencias de la Justicia.

Asturias necesita que la Universidad mire más allá de sus despachos. Ordenar servicios, vicerrectorados y dependencias internas tiene importancia, pero no puede eclipsar su verdadera razón de ser, que no es otra que generar, transmitir y preservar el conocimiento a través de la docencia, la investigación y la Extensión Universitaria.

El Principado debe cumplir pues con los derribos, la Seguridad Social desbloquear la Residencia y la Universidad asumir su papel. El Cristo lleva demasiado tiempo siendo un tributo a la desidia. Después de doce años, hacen falta decisiones, acuerdos, licencias, presupuesto y liderazgo compartido. Después de doce años, serían intolerables más tropiezos.

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