Opinión
Feministas bajo la dictadura (y II)
Ante la represión y la debilidad del régimen de Primo de Rivera, las activistas toman partido y saltan a la palestra política
El 30 de abril de 1930 Victoria Kent se convirtió en la primera mujer en ejercer como abogada en España ante un tribunal, en la Audiencia Nacional. Un año después Clara Campoamor litigaba con Niceto Alcalá-Zamora en otro juicio. Bajo la dictadura de Primo de Rivera las mujeres mantuvieron una intensa actividad intelectual y profesional. Emilia Pardo Bazán era miembro del Ateneo de Madrid: había sido la primera mujer en ingresar, en 1905. Tras ella, ese mismo año, llegaron la periodista Carmen de Burgos, la escritora Blanca de los Ríos y la pintora Rafaela Sánchez de Aroca.
Eso sucedía en Madrid. Lejos de la capital, en las cuencas mineras de Vizcaya, Dolores Ibárruri se unía a las movilizaciones contra el régimen impulsadas por el Partido Comunista de España, aún muy minoritario. Con 28 años, no hacia mucho que había enterrado a sus hijas trillizas. Aprendió el feminismo en la lucha, trabajando desde niña, sumida en la pobreza, padeciendo la doble discriminación de ser mujer y obrera. Recién parida recorría fábricas y talleres alentando a los trabajadores a unirse a la huelga general.
Lejos de España, la dramaturga María Lejárraga disfrutaba de la vida burguesa en la Costa Azul; la maestra asturiana Veneranda García Manzano se había instalado en Cuba, con su marido, y la actriz y cantante Raquel Meyer triunfaba en medio mundo.
Cuando en 1929 el régimen de Primo de Rivera empezó a flaquear, con las universidades tomadas por las protestas y una represión difícil de disimular, con el republicanismo pujando al alza, el feminismo tuvo que posicionarse políticamente. No bastaba con el activismo social y cultural. Había que pasar a la acción. Kent se afiló en 1929 al Partido Radical Socialista y Clara Campoamor a Acción Republicana; en 1930 Dolores Ibarruri ya era Pasionaria, formaba parte del Comité Central del PCE y estaba a punto de mudarse a Madrid.
Primo de Rivera dimitió en 1930. Los líderes republicanos habían firmado en agosto de 1929 el Pacto de San Sebastián, un programa común para la proclamación de la República. Es probable que Victoria Kent fuera una de las firmantes, pero las crónicas de la época no la citan. Se convocó una huelga general y el sector progresista del ejército se sublevó. Los líderes republicanos se escondieron o fueron detenidos y sometidos a consejo de guerra. Victoria Kent fue la primera abogada en intervenir en un consejo de guerra en la historia de España defendiendo a Álvaro de Albornoz, compañero de filas y jefe del Partido Radical, y lo mismo Clara Campoamor, en San Sebastián, con los encausados por el levantamiento popular contra la monarquía.
No tardaría mucho en proclamarse la República y esa ya es otra historia.
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