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Teocracias

Otra monja agredida en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Por un ultranacionalista judío. Fanáticos que ejercen de punta de lanza de un sionismo teocrático, cada vez más presente e influyente en el Gobierno de Benjamin Netanyahu "Bibi". Tipejos como muchos de los que se instalan en Cisjordania dispuestos a echar de allí a cualquier vecino árabe. En nombre de Jahve, como pueblo elegido. Armados hasta la kipá, con patente de corso, protegidos por el Ejército, barriendo de Judea y Samaria a todo aquel que encuentran a su paso.

Bibi guardó silencio. El Gobierno que preside se pronunció en X, condenó escuetamente la salvaje agresión y reivindicó la liberta religiosa. El mismo Gobierno que prohibió entrar al Santo Sepulcro al Patriarca Latino. Luego rectificó, claro. Como condenó sin aspavientos la salvajada contra la monja, agredida por la espalda y luego pateada en el suelo.

Las agresiones e incluso los asesinatos de árabes en Cisjordania por parte de los colonos suelen acabar en nada. O peor, ensañándose administrativa o judicialmente contra las víctimas y sus familias. Como también ocurre en Israel con los abusos que comete cualquiera que se proclama hijo del Pueblo Elegido contra cualquier otro ser humano.

Y ahí radica el verdadero problema. La tolerancia del Gobierno ante la violencia que despliegan sus ciudadanos más fanatizados. Cuando no la protección ante sus desmanes. Evidentemente no son todos. Pero sí un número creciente, amparados por una sociedad israelí cada vez más derechizada y más cercana a las tesis ultras.

Jerusalén está a un tiro de piedra de Belén. O a 30 minutos de la mayor ciudad árabe de Cisjordania, Hebrón. Poblaciones asediadas por asentamientos judíos, que no dejan de expandirse y crecer gracias a las facilidades que se da a cualquier fanático de cualquier lugar del mundo -mayormente estadounidenses- para establecerse donde le plazca, con el mandato divino de limpiar el paisaje de cualquier atisbo árabe.

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