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Opinión

Poesía en la animación

La revolución del anime de los visionarios Isao Takahata y Hayao Miyazaki

Aunque el estudio de animación Studio Ghibli, creado por Isao Takahata y Hayao Miyazaki en 1985, llevaba muchos años innovando en el campo del anime, el momento más importante en su trayectoria, por repercusión internacional, llegó cuando "El viaje de Chihiro" ganó el Oso de Oro en el festival de Berlín de 2002 y a continuación obtuvo el Oscar a la mejor película de animación. El trazo meticuloso en el dibujo y animación del estudio, su uso del color, el tipo de personajes, la calidad de los movimientos, los particulares universos desarrollados a partir de las visiones de la infancia y los elementos de relato fantástico quedaron refrendados con el éxito de esta obra maestra. No solo fue un taquillazo (costó 19 millones de euros y ha recaudado en todo el mundo algo más de 306 millones), sino que demostró que en el terreno de la animación ya no eran solo las productoras estadounidenses (Disney, Pixar, DreamWorks) las que marcaban la línea.

Takahata, fallecido en 2018 a los 82 años, y Miyazaki –en la actualidad tiene 85 y medio anunció su retirada tras la realización en 2023 de "El chico y la garza"–, han sido auténticos visionarios. Su principal mérito, además de llevar la animación a territorios hasta entonces no explorados, es haber conectado con plateas de lo más diverso con historias que tienen cobertura fantasiosa pero están ancladas a la más profunda realidad: miedos atávicos, traumas familiares, sueños adolescentes, la razón y la tecnología enfrentada al sueño y la aventura.

Cada una de sus películas ha supuesto un paso más en la evolución de la animación japonesa. Podemos destacar de Miyazaki "El viaje de Chihiro", "Mi vecino Totoro", "Porco rosso", "La princesa Mononoke" y "El castillo ambulante". Añadamos los poéticos films realizados por Takahata, a menudo minimizados por los logros y éxitos de su socio: "Mis vecinos los Yamada", la bellísima "El cuento de la princesa Kaguya" y, especialmente, "La tumba de las luciérnagas", realizada en 1988 y ambientada en la segunda guerra mundial.

Isao Takahata y Hayao Miyazaki no solo dejan un enorme legado, refrendado ahora por el premio "Princesa de Asturias" de Humanidades –la obra de los estudios Ghibli es muy humanista–, sino que su estilo tiene sólida continuación en la obra de Goro Miyazaki, hijo de Hayao y director de "Earwig y la bruja", sin olvidar la exquisita contribución a las producciones del estudio del compositor musical Joe Hisaishi, tan adecuado para la animación de Miyazaki como para los filmes en imagen real de Yoji Yamada y Takeshi Kitano.

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