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Sin identidad no somos nadie

Visto el estado de las cosas, tal vez el reto más importante, a la hora de organizar la resistencia, sea hacer convivir las distintas identidades, locales, nacionales y europea, cohabitando a la vez con el multiculturalismo, expresión de una más vasta identidad humana. A fin de cuentas, no sería otra cosa que elevar a categoría política la compleja identidad de cada uno, expurgando los discursos absolutistas y excluyentes. Lo que parece evidente, en todo caso, es que solo agarrados a identidades colectivas que satisfagan nuestro sentimiento de pertenencia, por complejo y plural que sea, podremos sobrevivir como individuos a la voluntad despersonalizadora que anima las grandes tendencias del sistema, una aplanadora que aspira a desarraigarnos, arrancarnos del medio en que somos alguien, ponernos el crotal en la oreja y asegurar nuestra ceba y ordeño en la granja global, bajo su férula.

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