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Tasa turística en Asturias: castigar el éxito antes de alcanzarlo

Un error económico

Asturias no tiene un problema de saturación. La implantación de la tasa turística en Asturias, cuya tramitación avanza de forma inexorable, no es solo un error económico; es un mensaje nefasto que enviamos al exterior: "Bienvenido a Asturias, ahora pague por habernos elegido".

Resulta incomprensible que, en una comunidad con una presencia turística todavía moderada en el contexto nacional, la respuesta ante el crecimiento sea la creación de un nuevo impuesto. Se pretende castigar al turista bajo el eufemismo de la "mejora de servicios", cuando la realidad es que estamos ante un impuesto a las vacaciones que llega en el momento menos oportuno.

Porque la actividad turística ya está contribuyendo a su sostenibilidad. Los datos son muy evidentes: el turismo ya aporta cerca de 500 millones de euros en ingresos fiscales a nuestra comunidad y 53 millones solo en los ayuntamientos. Para que nos hagamos una idea de la magnitud, esa cifra equivale al 80% de todo el gasto educativo en enseñanza infantil, primaria y secundaria de Asturias, o al 20% de nuestro presupuesto sanitario total. El sector ya sostiene los servicios públicos; pretender ahora un "extra" es, sencillamente, voracidad fiscal.

Agravio comparativo

El modelo propuesto por el Principado crea un agravio comparativo insostenible. ¿Qué lógica tiene que un visitante pague más por alojarse en un concejo y nada por hacerlo en el vecino, cuando la oferta y los problemas son compartidos? Esta desigualdad territorial solo añade incertidumbre y proyecta una imagen de desunión que espanta la inversión y confunde al viajero.

Y consideramos casi una burla hablar de tasas adicionales cuando Asturias sigue arrastrando un déficit histórico en sus comunicaciones. ¿Con qué autoridad moral se le pide un "extra" al turista cuando seguimos castigándole con uno de los peajes más caros de España por la autopista del Huerna, tenemos un tren de alta velocidad mermado perpetuamente por obras y retrasos y la conectividad interna sigue siendo la asignatura pendiente de esta región que ofrece conexiones de segunda?

Cobrar una tasa por visitar una comunidad a la que ya es caro y difícil llegar es, sencillamente, una desconexión total con la realidad del mercado.

Ni hay saturación, ni es el momento

Asturias dista mucho de sufrir la sobresaturación de otros destinos. La media de ocupación anual en nuestros alojamientos no supera el 50%. Aquí no sobran turistas; lo que falta es una gestión eficiente de los recursos que ya se recaudan a través de los impuestos ordinarios. La hostelería y el turismo asturiano están haciendo un gran esfuerzo por profesionalizarse y atraer un perfil de calidad, y la respuesta de la Administración es imponer una barrera fiscal.

La tasa turística no va de dinero –la cantidad puede parecer simbólica–, va de la idea que transmitimos. Transmitimos la imagen de una región que, en lugar de alfombra roja, pone un mostrador de cobro en la frontera.

Debemos ser claros: esta tasa es innecesaria, es contraproducente y es perjudicial. Asturias necesita atraer, no expulsar. Necesita inversión, no recaudación. Si el Principado quiere proteger el turismo, que empiece por no castigarlo.

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