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Opinión

La gran dimisión del cerebro humano

Resultó para mí patético el entusiasmo con que fue acogido por muchos el advenimiento de la Inteligencia Artificial. Inevitable ciertamente, pero ese es otro asunto. Entre los que de veras sabían me pareció advertir, en cambio, más precaución que jolgorio. Ahora, conforme se va implantando en las prácticas, aflora el espanto ante sus enormes peligros, sobre todo los relacionados con las ilimitades posibilidades de manipulación y los devastadoras consecuencias sobre el empleo. Pronto empezaremos a ver en la IA el mayor factor de incertidumbre que planea sobre nuestras sociedades, pero siguen sin apreciarse los peores efectos de todos: la menor utilización del cerebro humano, con la condena a una paulatina atrofia funcional, y la relegación del pensar en la búsqueda del alimento informativo, la interpretación de los hechos y ese desdoblamiento especular que es la reflexión.

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