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"El lío"

"Lío" es una de esas palabras que usadas con ligereza electoral terminan convirtiéndose en confesiones involuntarias. Cuando Alberto Núñez Feijóo pide a los andaluces un voto masivo para Juanma Moreno con el argumento de evitar "los líos con Vox", lo que realmente hace es levantar acta de una contradicción evidente. Porque si el "lío" consiste en depender de la extrema derecha para gobernar, entonces ese mismo "lío" ya existe allí donde el Partido Popular ha pactado con Santiago Abascal para conservar o conquistar poder institucional. Y no precisamente de manera anecdótica.

La apelación al voto útil esconde a menudo una pedagogía del miedo. En Andalucía, el mensaje de los populares viene a decir: dennos mayoría absoluta para no tener que hacer lo que ya hacemos en otros territorios. Resulta imposible sostener semejante razonamiento sin caer en una incoherencia política de manual. Más aún cuando el propio Feijóo sabe que, salvo sorpresa mayúscula, cualquier posibilidad futura de gobierno en España pasa inevitablemente por algún tipo de entendimiento con Vox. Es decir, el "lío" que denuncia hoy podría convertirse mañana en "necesidad patriótica".

La política española ofrece precedentes memorables de este tipo de piruetas argumentales. Pedro Sánchez protagonizó una de las más notables cuando convocó elecciones asegurando que era imposible gobernar con Podemos. "No dormiría por las noches si hubiera aceptado la propuesta de Gobierno de Iglesias".

Apenas celebrados los comicios y constatado que las urnas no le daban una salida más cómoda, ambos sellaron un acuerdo de coalición en cuestión de días. Lo que antes era un obstáculo insalvable pasó a presentarse como un ejercicio de "responsabilidad histórica".

En política, las palabras nunca son inocentes. A veces describen realidades; otras, simplemente intentan aplazarlas hasta después de los votos. El problema surge cuando el electorado recuerda demasiado bien lo que se dijo ayer. Mientras que quien lo dijo confía en la mala memoria de los electores.

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