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Opinión

José Manuel Rodríguez González

José Manuel Rodríguez González

Senador del Partido Popular por Asturias

La memoria de las cuencas carboníferas asturianas

La herencia del PSOE en la minería

Durante décadas, Asturias sostuvo buena parte del pulso energético de España. Miles de mineros bajaban cada día a pozos que hoy están cerrados, abandonados o convertidos en ruinas industriales. Mientras ellos se jugaban la vida, (es nuestra historia), los sucesivos gobiernos, especialmente los del PSOE, tanto en Madrid como en el Principado construyeron un relato de "transición justa y descarbonización" que, a la vista de los hechos, ha quedado reducido a un eslogan vacío.

Asturias está cansada. Las cuencas mineras están cansadas. Y los mineros, los que quedan, están más que cansados: están hartos. Hartos de promesas vacías, de transiciones injustas disfrazadas de "justas", de fotos oportunistas y de una clase política especialmente la socialista, que lleva años gestionando el final de la minería con una mezcla de improvisación, negligencia y propaganda.

La realidad reciente es incontestable. La situación de Hunosa, los mineros encerrados en Mina Miura, los accidentes mortales de Cerredo y Vega de Rengos, y la ausencia de explicaciones políticas sólidas han puesto al descubierto una gestión que muchos en las cuencas consideran negligente. No basta con posar para la foto, la gente de las cuencas tiene memoria y ya no se deja engañar por escenografías de salón.

Conviene recordar que fue Joaquín Almunia, comisario europeo (socialista), quien en 2010 firmó la sentencia de muerte de la minería del carbón. Desde entonces, el desmantelamiento se presentó como modernización, pero lo que llegó fue una transición incompleta, improvisada y sin proyecto.

Se cerraron pozos, se demolieron térmicas a toda velocidad, como si hubiera prisa por borrar cualquier rastro de lo que fuimos de nuestra historia, los territorios quedaron huérfanos de industria, empleo y horizonte. El PSOE prometió alternativas, pero las alternativas nunca llegaron.

Hunosa, símbolo de la minería pública y del esfuerzo colectivo de generaciones, lleva desde 2023 esperando un plan de futuro que dé certidumbre a 600 familias y que no termina de concretarse. Se anuncian proyectos verdes, hidrógeno, economía circular… pero nada aterriza. Mientras tanto, los pozos se convierten en museos involuntarios. En definitiva, un gigante sin rumbo.

Los mineros de Mina Miura son hoy el símbolo vivo de ese hartazgo. No se encerraron por capricho. Protestan porque sienten que les han robado el futuro, la dignidad y hasta la verdad. Y porque saben que, si ellos no alzan la voz, nadie lo hará.

El caso de Mina Miura es especialmente grave. El traspaso de los derechos de explotación procedentes del mismo empresario vinculado a Cerredo a un empresario sin relación conocida con el carbón ni con la industria levanta sospechas legítimas. Para muchos trabajadores, aquello fue una tapadera, un intento de diluir responsabilidades.

Lo más preocupante es que el Gobierno del Principado lo permitió. Este episodio, unido al informe sobre el accidente de Cerredo, evidencia una vigilancia institucional insuficiente. Cuando la vida de los mineros está en juego, la negligencia no es un error: es una traición.

Los accidentes de Cerredo y Vega de Rengos dejaron familias rotas y comunidades enteras en duelo. Y, sin embargo, nadie ha asumido responsabilidades políticas. Ni dimisiones. En Asturias y en España no se lleva dimitir.

Ni explicaciones. Ni autocrítica. Solo silencio y evasivas. Y ahora, para colmo, fotos.

Fotos de Adriana Lastra, Jonás Fernández, Ione Belarra, Ovidio Zapico y, por último, recibidos por el nieto de minero, el presidente Adrián Barbón, todo un elenco de ecologistas de la descarbonización, el pacto verde y las energías renovables a cualquier precio, es decir de todo menos defensores del carbón, pero evitando cuidadosamente hablar de lo que realmente importa: su responsabilidad en la cadena de decisiones que nos ha traído hasta aquí.

Eso no es apoyo. Eso no es empatía. Eso es cobardía política.

El PSOE parece creer que Asturias es un decorado y que las cuencas carboníferas asturianas son un público dócil.

Pero se equivoca. Asturias no olvida. La gente recuerda. Recuerda quién decretó el cierre. Quien gestiono los Fondos Mineros, Quién prometió alternativas. Quien derribo las térmicas sin tener un plan industrial previo. Quién permitió traspasos sospechosos de concesiones Mineras. Quién no vigiló. Quién no dimitió. Quién se esconde detrás de fotos y comunicados.

La minería del carbón no volverá a ser la misma, pero la dignidad de los mineros sí exige memoria, respeto y un futuro real, no propaganda. Y ese futuro no se construye con discursos, sino con proyectos, inversiones y responsabilidad política.

El PSOE gobernó Asturias durante décadas. Gobernó España durante buena parte del proceso de cierre. Y hoy, cuando se ven las consecuencias, pretende que la ciudadanía olvide. Pero las cuencas carboníferas no olvidan.

Los mineros que se encerraron en Mina Miura, las setenta familias de TYC Narcea cuyo futuro pende de un hilo, saben que no están solos. Representan a todos los que han sido abandonados por una gestión que ha preferido la propaganda a la responsabilidad.

Y esta vez, por mucho que lo intenten, no podrán tapar el olor a negligencia con un par de fotos y un casco prestado.

Las cuencas ya no tragan. La memoria minera no se compra con gestos vacíos.

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