Opinión
El estrecho de Ormuz: cuidado con los sueños
Sobre los mitos y las realidades de las dependencias energéticas a nivel internacional
José Antonio Sáenz de Santamaría Benedet es geólogo
Un dicho popular sostiene que "debemos tener cuidado con los sueños pues podrían realizarse". Un sueño extendido entre ecologistas y activistas climáticos tipo Greta Thunberg, es que desaparezcan los combustibles fósiles para vivir en un mundo idílico y feliz, sostenible y renovable, basado en la electricidad.

El estrecho de Ormuz: cuidado con los sueños
No entienden que nuestra civilización es completamente dependiente del carbón y de los hidrocarburos. Cada año, desde al menos 1960, esa dependencia aumenta. Cuatro décadas de implantación de sistemas de producción de electricidad mediante tecnologías renovables no han dado resultados y éstas apenas representan hoy un 5% del consumo energético mundial, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Cada año el mundo consume más gas, petróleo y carbón que el anterior y los activistas climáticos pretenden que se dejen de utilizar. La guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, va camino de enseñarnos en carne propia lo que pasaría si esta pretensión se realizara.
La AIE avisa que las reservas mundiales de petróleo almacenadas en superficie se están agotando a un ritmo acelerado y un reciente estudio de JP Morgan concluye que, continuando a este ritmo, el nivel de "estres operativo" se podría alcanzar a principios de junio de 2026 y el nivel de "mínimo operativo" se alcanzaría en septiembre. En ese momento habría comenzaría el racionamiento generalizado.
Rebasar el nivel de estrés operativo, fijado en 7.680 Millones de barriles (unos 78 días de consumo mundial), implica un fuerte incremento de los precios y el racionamiento de algunos productos refinados (gasolinas, diesel, queroseno, gases licuados del petróleo GLP, etcétera). El margen de error en la gestión de la cadena de suministro y consumo se reducirá casi a cero. Al rebasar el mínimo operativo, fijado en 6.800 Millones de barriles (unos 68 días de consumo), los oleoductos no podrán mantener la presión de trabajo y las refinerías no funcionarán con normalidad. La infraestructura física del sistema petrolífero (pozos, estaciones de bombeo y compresión, circuitos de desgasificación, etcétera) comenzaran a sufrir daños que pueden conducir a su paralización.
La última vez que los inventarios sufrieron un descenso importante fue en Febrero de 2022 cuando se inició la invasión rusa de Ucrania. En aquella ocasión se llego casi al límite de estrés operativo. Posteriormente la situación ha ido remontando hasta los 8.500 millones de barriles, punto en el que se inicia la actual caída de niveles.
Los países más dependientes del exterior (Indonesia, Vietnam, Pakistán, Filipinas, etcétera) muestran ya signos de estrés y pueden alcanzar el nivel crítico en semanas. Si el estrecho de Ormuz no se reabre a principios de junio, algunos países asiáticos tendrán una crisis macroeconómica por la escasez de diesel.
Europa podría disponer de otro mes de margen antes de que la situación se complique. Por su parte, China, Corea del Sur y Singapur tienen reservas muy amplias almacenadas desde tiempo atrás. En el caso español tenemos reservas para noventa y dos días que los técnicos siempre consideran insuficientes. Además somos exportadores de gasolinas y diesel.
África y la India tienen un riesgo considerable de hambruna debido a la escasez de fertilizantes. Aproximadamente la mitad de los fertilizantes del mundo provienen de la urea y el amoníaco que se obtienen del gas natural que se produce en el Golfo Pérsico. No hay reservas de fertilizantes y si no están cuando se necesitan las cosechas de este verano y otoño serán insuficientes para mantener a toda la población durante el invierno próximo.
Cerca del 40% de la producción mundial de helio se encuentra en Qatar. El mayor campo de gas del mundo, compartido por Qatar (North Field) e Irán (South Pars) produce como subproducto helio. Éste se licua en Ras Laffan en la costa del Golfo Pérsico. Ambas infraestructuras, imprudentemente, han sido bombardeadas por Israel y EE UU. El helio catarí se exporta por el estrecho a Asia y Europa. De él depende la fabricación de semiconductores y chips, las resonancias magnéticas, la criogenia, la industria aeroespacial, de fibra óptica y la computación cuántica. El helio líquido es esencial porque alcanza temperaturas extremadamente bajas.
El precio del petróleo seguirá subiendo para funcionar como mecanismo de racionamiento, mediante la destrucción de la demanda y la recesión económica mundial consiguiente, antes de alcanzar el punto del racionamiento físico. Después, el mecanismo de incremento de precios fallará pues no se podrá poner precio a lo que no se produce y, por tanto, no existe. Incluso el despliegue total de las reservas globales solo permitiría aguantar unas semanas ya que no fueron diseñadas para una interrupción total del sistema. Las reservas en superficie no pueden suplantar la producción perdida. La producción mundial ronda los 100 millones de barriles por día y la producción de los países ajenos a Oriente Medio y el estrecho apenas cubrirá el 70% de la demanda.
Por otro lado, aunque el estrecho de Ormuz se abra pronto, las cadenas de suministro tardarán varios meses en estabilizarse. Una crisis económica global se da por segura. La guerra terminará mas pronto que tarde pues de lo contrario lo que terminará en unos meses es la economía mundial que conocemos. Esto sí es un riesgo real y no el cambio climático. Los ecologistas tampoco estarán entonces contentos pues se verán tan afectados como los demás.
La conclusión que los técnicos ya conocemos, es que nuestra civilización funciona con gas, petróleo y carbón. En un artículo anterior les hablaba de las dificultades de Cuba que carece de combustibles fósiles desde hace unos meses y cuya situación económica y social está en un punto sin retorno. Los combustibles fósiles suponen, según la AIE, el 84% del consumo mundial de energía.
La electricidad solo supone el 16% del total y, dentro de ella, las energías renovables que producen electricidad (eólica y solar) solo representan el 5 % del consumo global de energía. El resto de la energía eléctrica (un 11% del consumo global) se produce afortunadamente con centrales nucleares e hidráulicas y también con ciclos combinados de gas y centrales térmicas de carbón. Prescindir de cualquier tecnología de producción de electricidad es, hoy por hoy, un suicidio.
Los ecologistas pueden soñar con eliminar los combustibles fósiles pero aquí tienen una consecuencia práctica de esos sueños. En efecto, como nos dejó bien dicho don Francisco de Goya: "El sueño de la razón produce monstruos".
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