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La recordada historia de un héroe olvidado

Las gestas históricas en el mes de mayo

Mayo es un mes muy de recordar gestas históricas y heroicas. Empieza con el recuerdo a los hechos del 2 de mayo de un lejano 1808, que cada año renace, aunque de no ser así, nunca moriría al quedar múltiples testimonios a veces visuales maravillosos y terribles como los cuadros del gran Goya, los miles de libros o las muchas referencias a los nombres de hombres y mujeres de aquel tiempo. Es fiesta en la madrileña comunidad autónoma. Se repite en lugares varios de la geografía nacional y asturiana. En Oviedo unas placas en la esquina Altamirano con Cimadevilla recuerdan a quienes un 9 de mayo alzaron la voz contra el estallido de la que se bautizaría como Guerra de la Independencia, una vez recibidas las noticias alarmantes de la rebelión madrileña. La novedad corrió y Asturias toda fue tomando conciencia de lo que empezaba. Mas tarde, el 25 de mayo, transformada en revolucionaria la Junta General del Principado de Asturias lanzaría una inusual proclama de soberanía en ausencia del rey que se creía secuestrado y declararía la guerra al mismo Napoleón, proponiendo la organización de la defensa patria e internacionalizando el conflicto al solicitar ayuda a Gran Bretaña, antes "pérfida Albión". Aquella fecha es objeto de conmemoración desde hace décadas por parte de la Asociación Económica de Amigos del País de Asturias. Y hace unos años celebrada por el Gobierno del Principado como inicio de la percepción colectiva de asturianía tomando la bandera como emblema. Aunque la fiesta de Asturias indiscutible y por Ley siga siendo el 8 de septiembre, binomio Covadonga y Pelayo, bien está valorar los símbolos, conocer su historia, sus orígenes y el trasfondo que tienen. Y saber un poco más cada año bien está también.

Volviendo al 2 de mayo, origen de aquello, había en Madrid asturianos que, ayer como hoy buscaban en la capital del reino su sustento. Había aguadores, serenos, mozos de cuerda, criados y oficios diversos trabajando en lo que podían. En otro nivel estaban los hijos de familias pudientes que enviaban a sus vástagos a ampliar estudios (el "erasmus" equivalente de hoy) o tal vez a buscarse un futuro buen matrimonio. Madrid, que había tenido como "alcalde de Casa y Corte" al ilustre ilustrado Jovellanos hacia 1778, contaba entre sus residentes aquel "día de cólera" con José María Queipo de Llano, que sería VII conde de Toreno, y Antonio Oviedo y Portal, muy jóvenes; o el muy influyente Arias Mon y Velarde, gobernador del Consejo de Castilla; o al redactor del revolucionario "bando de los alcaldes de Móstoles" Juan Pérez Villamil.

Pero entre todos ha quedado opacada la figura de un militar al que aquella guerra le costaría la vida como a tantos. Conocido como Juan Consul (Oviedo, 1779 - Zaragoza, 1809), realmente se llamaba Juan Nepomuceno Consul y González del Villar. Era hijo de quien fuera impulsor de la Escuela de Dibujo en Oviedo, vinculado a la Sociedad Económica Asturiana, señor de la casa de Villar de Siero y con familia notable en Gozón; hombre reconocido con calle, hoy pasadizo, cerca de donde estaba la Escuela. Desde adolescente Juan Consul había cursado estudios militares en la Real Academia de Artillería del Alcázar de Segovia. De teniente, tras servir en la marina en Cádiz y de encomiendas diversas o de algún viaje a su tierra, como cuando falleció su padre en 1807, ascendido, fue destinado a Barcelona y allá debía ir desde Madrid aquel 2 de mayo. En la capital quedó envuelto en el combate del Parque de Artillería de Monteleon, símbolo de heroicidad, junto a muchos buenos artilleros y gentes del pueblo revelados contra la presencia engolada de la soldadesca napoleónica, "petimetres" para el común. Ese día, por orden del poderoso Murat, las tropas ocupantes ensangrentaron las calles madrileñas. Allí estaban los tan alabados "mártires" Juan Velarde y Luis Daoiz, este último amigo muy querido de Juan Consul. Fueron el asturiano y varios camaradas compañía en el final de la vida del sevillano. Tras darle sepultura, Consul y los artilleros que salieron vivos de Monteleón se salvaron por intercesión del ministro O´Farril. Juan Consul, camino de Barcelona, se encontró con una Zaragoza que ardía ya en guerra y otro histórico militar, José de Palafox, entonces jefe supremo de Aragón le retuvo. Sucedía esto agotándose mayo.

En Zaragoza, Consul participó en cuantos cometidos le encargó Palafox, desde ir a conseguir recursos a Huesca a instruir a los defensores de la ciudad; la organización de los talleres de provisión de armas de la Maestranza; o improvisando donde fuera menester fabricación de útiles bélicos. Los "Sitios de Zaragoza" han pasado por su crudeza a los anales de la guerra y allí estuvo Consul. Tras el primer sitio, un triunfo inesperado de la resistencia maña, fue al parecer elevado al cargo de coronel y encargado de preparar la nueva defensa en la seguridad de otro ataque que, efectivamente, se reprodujo en diciembre de 1808. Una ciudad en guerra, sitiada y sometida a constantes carencias es campo abonado para la peste que hizo presa en la población y que en febrero de 1809 acabó con la vida de Juan Consul rondando los 30 años. Dicen que en la Basílica del Pilar reposan sus cenizas y que el nombre de nuestro héroe olvidado quedó grabado en una columna conmemorativa que Zaragoza levantó para sus defensores.

Hay personajes que son recordatorio histórico colectivo en calles, plazas, monumentos, libros y cuadros como los del cántabro Pedro Velarde o del sevillano Luis Daoiz, figuras tan indisociables que algunos los creen uno (plaza Daoiz y Velarde). A otros, en letra pequeña, apenas se les conoce en su tierra natal. Y bien estaría que se les reconociera. Es de justicia iluminar un poco su historia, que es también la de todos, la de un héroe olvidado como lo fueron, como lo son en las guerras la mayoría. n

–De la Sala Valdés y García Sala, Mario (1908): Obelisco histórico en honor de los heroicos defensores de Zaragoza en sus dos Sitios (1808-1809). Zaragoza [acceso libre].

–Pérez Reverte, Arturo (2007): Un día de cólera. Madrid: Alfaguara.

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