Opinión
No es corrupción, es "lawfare"
La estrategia del avestruz del Gobierno tras el caso Zapatero
La corrupción que rodea a Sánchez acumula ya 36 imputados entre familia, políticos próximos y cargos de su partido. Tal número ya no cabe en un titular; necesita una hoja excel. No es que haya demasiados casos judiciales en el entorno del Gobierno: es que existe una persistencia sorprendente. Lo de Zapatero es la gota que colma el vaso, la ola reciente que anuncia el tsunami.
Que desde el entorno del poder se hable de una persecución imaginaria, de un lawfare orquestado en el que jueces, periodistas y la Guardia Civil o la Policía Nacional se levanten cada mañana pensando cómo fastidiar al Gobierno resulta conmovedor. El problema es que el lawfare exige imaginación, y en los casos judiciales recientes lo que sobra es documentación: autos, registros, procesamientos y evidencias de prácticas mafiosas.
La reacción institucional a los casos de corrupción ha sido impecable desde el punto de vista de la estrategia del avestruz: negar hasta la saciedad; resistir como si La Moncloa fuera El Alcázar y repetir el mensaje exculpatorio hasta que aburra. Como si el delito fuera pasajero, al modo soportable de una alergia estacional.
Hemos llegado en este país al punto exacto en el que la corrupción ya no amenaza al poder, sino que pasea con él del brazo. Suene entre la ciudadanía como una música de fondo constante, monótona, que acaba anestesiando al oyente. En un ambientenauseabundo, donde crece el olor a podrido, ¿no van a obtener ganancia el mensaje de los radicales?
