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Opinión

Una valiente encíclica

El compromiso del Papa con los nuevos tiempos

La primera encíclica de León XIV, Maginifica Humanitas, es mucho más que un texto doctrinal: se trata de una intervención de calado en el debate moral del siglo XXI. Este Papa que llegó sin hacer ruido, casi de puntillas, se ha convertido en pocos meses en una voz incómoda y necesaria. Primero como referente ético frente a la guerra; después, alzando la palabra frente al poder político sin temor a incomodar incluso a Donald Trump; y ahora señalando a los nuevos centros de poder global, los tecnológicos, allí donde el dinero, el dato y el algoritmo se imponen sin contrapesos éticos.

La encíclica no supone una enmienda a la totalidad del progreso. Se antoja un hito en la doctrina social de la Iglesia y de un ejercicio de exigencia: preguntarse qué significa ser humano —y, por tanto, responsable— en la era de la inteligencia artificial. León XIV acierta al desplazar el foco: el dilema no es tecnológico, sino que afecta a la civilización. No se trata de aceptar o rechazar la IA, sino de decidir al servicio de quién y de qué valores nubla.

El Papa advierte del riesgo de una nueva torre de Babel digital, eficiente y soberbia, donde unos pocos concentran poder mientras el individuo se diluye. Frente a esa deriva, propone reconstruir Jerusalén: una sociedad fraterna, basada en la responsabilidad compartida y el bien común. En un tiempo en el que delegamos decisiones y conciencias en máquinas opacas, la encíclica del León del Vaticano recuerda que el progreso sin alma no es avance, sino esclavitud.

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