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Ocho años después

Hace ocho años, Pedro Sánchez, desde la tribuna del Congreso, acusó a Mariano Rajoy de ampararse en el desconocimiento prolongando su agonía para eludir responsabilidades por los casos de corrupción que afectaban al Partido Popular. Sostuvo entonces que la dignidad de las instituciones exigía asumir responsabilidades y apartarse cuando la corrupción erosionaba la confianza pública. Ocho años después aquellas palabras resuenan con una ironía difícil de ignorar. Son más bien, un cruel sarcasmo.

La legislatura que ahora agoniza deja un balance devastador. La permanencia en el poder ha sido la gran obsesión de esta etapa. Buscando conservarlo y en su último asalto, Sánchez aceptó a cambio de votos una amnistía para garantizar la impunidad de los golpistas que intentaron quebrar el orden constitucional en Cataluña. Convirtió en socios preferentes a los herederos de ETA que justificaron el terrorismo y a exterroristas que no han pedido perdón por los crímenes cometidos. Dinamitó también consensos institucionales que parecían formar parte del suelo común de la democracia española. El resultado ha sido una concentración creciente de poder político y orgánico en torno a una sola figura. El PSOE ha dejado de parecer un partido de gobierno para convertirse en un partido al servicio de su líder.

Y mientras el Presidente levantaba ese edificio personalista, la corrupción reaparecía por la puerta de atrás. Personas del núcleo de su confianza política han terminado investigadas por jueces y policías por presuntas tramas de comisiones y favores. El escándalo sucesivo no solo afecta a nombres concretos; enturbia también al relato sobre el que se construyó la llegada de Sánchez al poder. Las acusaciones sobre maniobras de presión contra jueces, policías o periodistas no han hecho sino agravar la sensación de deterioro institucional.

Hace ocho años, José Luis Ábalos, precisamente él, dijo ante el Congreso que los españoles no podían tolerar la corrupción ni la indecencia como si fueran algo normal. Escucharlo ahora produce arcadas.

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