Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Pipo Prendes

Pipo Prendes

Cantautor

Haz el bien, hazlo bien, pásalo bien (las tres bes)

Las dificultades para que los líderes asuman sus errores y pidan perdón

Siempre me ha llamado la atención lo poco habitual que resulta ver a un líder social, político, deportivo... pedir disculpas por sus actos. Más raro aún es que reconozca que el adversario, en ocasiones, tenía razón y que él mismo se equivocó. Existe una obsesión casi enfermiza en muchas instituciones por justificar lo injustificable. Esa incapacidad para asumir responsabilidades termina proyectando una imagen de cerrazón y falta de honestidad.

No hace tanto que el planeta sufrió las trágicas consecuencias de la covid-19 y que los seres humanos padecimos en carne propia los estragos del contagio. Lo recuerdo porque la importancia del contagio suele subestimarse, también en el terreno de las conductas: las actitudes y los comportamientos se contagian.

Las actitudes de esos referentes, unidas al sofisticado sistema de comunicación y manipulación que hoy condiciona nuestras vidas, terminan influyendo más de lo que creemos. Y las consecuencias, sinceramente, inquietan. Por eso, cada vez resulta más difícil mantener la equidistancia y conservar el temple. En un clima así, la serenidad parece convertirse en una tarea cuesta arriba.

¿Por qué no salen a la palestra y prueban a decir algo tan sencillo como esto: "Reconocemos que los otros tenían razón en este punto"? Aunque después añadan un "pero", ese simple gesto ya sería una señal de responsabilidad. Ver alguna actitud así nos ayudaría a pensar que quienes rigen nuestros destinos actúan con un mínimo de honestidad. ¿Es mucho pedir?

Sin embargo, quizá todo esto no sea más que una ingenuidad. Tal vez estos pensamientos cándidos poco tengan que ver con la realidad del mundo, donde parece imponerse otra lógica: sálvese quien pueda; yo no voy a arreglar nada; y el que venga detrás, que arree. Lo que el ciudadano de a pie percibe al escuchar o mirar los medios es que la crispación se ha convertido en una compañera incómoda del día a día. La sensación dominante es que lo importante es ganar, sea como sea, y que los métodos utilizados importan cada vez menos.

En ese contexto, los comportamientos se vuelven cada vez más obscenos. La ambición desmedida relaja los límites, favorece alianzas poco recomendables y termina conduciendo, una vez más, al desastre. Y ese desastre no lo pagan sólo quienes lo provocan, sino todos: justos y pecadores.

Quizá la postura más sensata en estos tiempos sea ser cada vez menos de una sola cosa y un poco más de muchas. Conviene no acercarse en exceso a ningún extremo, porque uno acaba atrapado en un entramado sofisticado donde mandan algoritmos y dinámicas que a menudo apenas comprendemos.

No somos de una sola manera. Somos una mezcla de circunstancias, experiencias y cambios. Tenemos derecho a evolucionar, a rectificar, a no quedar presos de ideologías ni de colores. Porque cuando uno se entrega por completo a un solo bando, pronto descubre que también le exigen exclusividad. Y esa lógica de "conmigo o contra mí", sinceramente, no merece la pena.

¡Es todo tan efímero, pasa todo tan rápido!

Quizá por eso convenga recordar la sencilla consigna: Haz el bien, hazlo bien y pásalo bien.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents