Opinión
Habitando el momento
Esta mañana, a primera hora, conduciendo con prisa hacia el primer asunto del día, paré en un semáforo y el sol de primavera me dio de lleno en la cara, por el hueco entre el retrovisor y el parabrisas. Calor de primavera, del que todavía perdona. Cerré los ojos un segundo. Nada más. Y cuando el verde me obligó a arrancar, salí de allí algo distinta, como si hubiera rellenado un depósito que ni sabía que tenía vacío.
Hoy hacemos muchísimo, todo el tiempo. Lo que casi no hacemos es estar donde estamos. Vamos por la vida con el cuerpo en el supermercado y la cabeza en el teléfono, contestando de memoria al cajero mientras pensamos en el correo que hay que mandar antes de mediodía. Comemos sin saborear, paseamos sin mirar, abrazamos con prisa. De cuerpo presente, que es la manera más educada de estar ausente.
Y yo creo que la vida ocurre justo ahí, en lo que nos saltamos por ir corriendo. En la mano que sostiene a otra para que no resbale al bajar del autobús. En quien cede el paso en un cruce y espera, sin pitar, a que el otro termine de cruzar despacio. En la vecina que te guarda la llave por si acaso. En el camarero de la plaza, el de la gorra, que ya sabe cómo te gusta el café: corto, con leche, sin azúcar. Detalles que no cambian el mundo, dicen. Pero el mundo, el de verdad, está hecho de eso y no de titulares.
A veces se nos olvida que el milagro más grande no hay que ir a buscarlo a ningún sitio raro: es seguir estando. Latir un día más. Despertarse y oír a los tuyos trastear en la cocina. Que el cuerpo aguante, que la gente que quieres siga ahí, que mañana se parezca razonablemente a hoy. Lo damos por descontado hasta que un susto nos recuerda que no había nada descontado. Casi nada, y a la vez lo único que de veras pesa.
Estar presente no es descansar, que nadie se confunda. Cuesta. Pide bajar el ritmo, callarse, mirar de verdad, aguantar un silencio sin correr a rellenarlo. Es más cómodo el piloto automático, despachar los días como quien firma sin leer. Pero los días que se firman sin leer no dejan poso; pasan y no se recuerdan.
No propongo hazañas ni propósitos de enero. Propongo algo más modesto y más difícil: habitar lo que tenemos delante. Escuchar hasta el final la frase del otro, saborear lo que comemos, mirar a los ojos a quien nos habla, que es la forma más antigua y más barata de decirle a alguien que existe. Estar, sin más, en este pueblo, en esta mesa, en esta tarde que no va a repetirse. Porque, de todo lo que hacemos, lo único que se nos queda es lo que llegamos a vivir de veras. Y para vivir algo, primero hay que estar.
Suscríbete para seguir leyendo
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la máquina de coser de mano que garantiza los mejores resultados: compacta, ligera, portátil, potente e ideal para reparaciones rápidas
- La justicia elimina la multa de la ITV: un juez pone punto y final a la clásica sanción de 200 euros impuesta por la DGT
- El refugio gastronómico de Santiago Abascal en Asturias: un pueblo pesquero considerado de los más bonitos de España donde comer es un placer
- Multado con más del salario medio de España por refrescar su coche del calor, pese a tener la documentación en regla: la Guardia Civil extrema la vigilancia en los coches aparcados
- Multado con 200 euros un conductor que viajaba solo con su coche de vacaciones y no entendió la nueva señal de tráfico: la Guardia Civil extrema la vigilancia en el interior
- La familia fallecida en Palencia sufrió el accidente en el mismo punto donde murió la médica gijonesa hace un mes: 'Esa autovía parece un campo de minas
- Buenas noticas para los conductores con etiqueta B: el Supremo termina con las Zonas Bajas en Emisiones (ZBE)
- El BOE hace oficial la tasa 0,0 con multa de 500 euros y pérdida de 4 puntos del permiso conducir: la Guardia Civil ya empieza a parar
