Opinión
León XIV, mano de acero bajo guante de seda
No había pasado una hora desde la aparición de Robert Prevost, León XIV, en el balcón de la plaza de San Pedro y un anónimo opinador escribía en un foro de Internet que deploraba al Papa Francisco: "No os confiéis, este es tan progresista y peligroso como Bergoglio, pero mucho más inteligente". Desde luego, Francisco no tenía un pelo de tonto y poseía una inteligencia teórica y práctica que quizás pecaba de audacia en algunas ocasiones. La advertencia de aquel comentario, salido probablemente de un tradicionalista, de un "tradi", dicho cariñosamente, nos colocaba en la pista y el safari que había de seguir al León por toda la selva católica.
La verdad es que a día de hoy las opiniones siguen chocando en torno a si Prevost es un diáfano seguidor de Bergoglio o si, por el contrario, el de Chicago está dando virajes suavemente para distanciarse del bonaerense.
En nuestra opinión, el León sigue cavando en las mismas zanjas que reabrió Francisco, y decimos que las reabrió porque muchas de ellas ya estaban trazadas en la tradición católica.
Si ustedes leen textos de los autores de la época Patrística, la que sigue a la etapa Apostólica, se encontrarán con palabras de una rotundidad pasmosa. A saber: "El que no comparte sus riquezas con los pobres es un ladrón de lo ajeno" (San Juan Crisóstomo), o "el pan que retienes pertenece al hambriento; la ropa que guardas en el armario, al desnudo; el calzado que se pudre en tu casa, al descalzo; el dinero que escondes bajo tierra, al necesitado" (San Basilio el Grande), y también "quien toma los bienes de los pobres es un asesino de la caridad; quien a ellos ayuda es un virtuoso de la justicia" (San Agustín de Hipona, patrón de Bob Prevost). Cualquier rico o tecnócrata puede obtener frases así en la Inteligencia Artificial de su propia creación.
Pues bien, la doctrina social de la Iglesia o el libro del Eclesiastés vienen atizando a los ricos y codiciosos desde la antigüedad, y que Francisco insistiera en la opción preferencial de la Iglesia por los pobres era cosa natural, aunque el catolicismo de élites adineradas pusiera muecas desagradables.
Por otra parte, en lo externo estaba claro que Prevost no era el actorazo que fue Wojtyla, ni tenía la chispa de Francisco: "Buenos Aires es una trituradora y tenemos carne (pobreza) como para tirar al techo", y "¿han visto ustedes alguna vez un camión de mudanzas a continuación del féretro del difunto?". En cambio, desde los primeros compases de su pontificado comenzamos a percibir cierta maña correspondiente al adagio latino "suaviter in modo, fortiter in re", que difundió un jesuita posterior a San Ignacio de Loyola, Claudio Acquaviva. Suavidad en las formas y diplomacia, pero insistencia en los fines. Bob no tiene el aspecto del león de la Metro, pero no está ni desdentado ni carente de uñas.
Dicho esto, vamos a seleccionar cinco hechos o aspectos del papado del León que discurren por esas sendas.
Primero, publicó la Exhortación Apostólica sobre el amor a los pobres titulada "Dilexit te" que ya había concebido y tenía adelantada Francisco antes de su muerte. Nada tenemos que añadir a lo ya dicho sobre los necesitados.
Segundo, sobre las diaconisas y acceso de las mujeres a los ministerios ordenados, Prevost ha sido claro, pero muy prudente. Ha dicho que todavía no es tiempo para abordarlo. Y hablamos de prudencia porque Juan Pablo II, cuando se pronunció sobre ello, quiso dar un tosco cerrojazo que incluso sorprendió a numerosos obispos. Una crónica sobre los errores de Wojtyla incluiría este capítulo, al igual que otros que han condicionado el devenir del catolicismo.
Tercero, la sinodalidad, que apela al término griego "synodos", caminar juntos, asamblea.El Papa Francisco ha impulsado un nuevo estilo para la Iglesia católica que León XIV ha mantenido en funcionamiento. Se trata de esa sinodalidad que pretende involucrar a todos los bautizados, desde el laico comprometido hasta el cardenal más sutil, en las orientaciones de la Iglesia mediante el discernimiento comunitario como herramienta y la participación, la corresponsabilidad y la escucha recíproca como actitud. Este planteamiento ha causado gran irritación entre determinados eclesiásticos y también el rechazo de quienes recuerdan que el gobierno de la Iglesia, según su Constitución Divina contenida en el Derecho Canónico, corresponde únicamente a la jerarquía del Papa y los obispos, ayudados por los sacerdotes y diáconos. El ceño fruncido de los opositores viene a recordar la figura de los "zelanti", los celosos, que históricamente se oponían a la reforma o modernización de la Iglesia.
Cuarto, el Papa Prevost ha tomado las riendas de la reforma de los estatutos del Opus Dei, que en 2022 ordenó ejecutar el Papa Francisco. Se trata de un proceso delicado ante el que el gobierno del Opus se ha manifestado extraoficialmente muy disconforme.
En esta parcela, el pasado lunes 16 de marzo estalló una bomba inesperada. El propio Pontífice se ocupó de averiguar el contacto con Gareth Gore, periodista y escritor, y le pidió personalmente que fuera a visitarle al Vaticano. Gore el el autor del libro "Opus. Ingeniería financiera, manipulación de personas y el auge de la extrema derecha en el seno de la Iglesia católica", publicado en 2024.
Al cabo de poco tiempo tras la publicación el Opus Dei difundió un documento (tal vez más ilustrativo que aniquilador) de cien folios en el que casi pagina a página de libro pretende desmontar cada postulado de Gore. En dicho informe y también en rueda de prensa participó activamente Yago de la Cierva, numerario del Opus Dei y coordinador de la presente visita de León XIV a España. De la Cierva se ocupa de aclarar la relación entre el Opus y el Popular, quebrado en 2018; sus descalificaciones hacia Gore son intensísimas. En realidad el libro contiene buenas dosis de "minestra riscaldata", es decir, sopa recalentada, pues utiliza libros y artículos ya difundidos tiempo atrás. Es sobre el Banco Popular y el Opus sobre el que se extiende, describiendo una relación poco Santa, cosa deplorada por el Opus y De la Cierva.
Quinto, grupos y clérigos "tradis" han apelado al Pontífice para que vuelva a autorizar las celebraciones de la misa tradicional, la emanada del Concilio de Trento y en latín, y a la que el Papa Benedicto XVI puso condiciones. Posteriormente, Francisco optó por su prohibición salvo permisos especialísimos. El Papa Prevost aún no se ha pronunciado, con lo que los "tradis", expectantes, no han comenzado a afilar sus espadas, que no obstante continúan en alto.
En medio de todo ello, Bob Prevost, el hombre y Papa tranquilo, mantiene abierta la mano de acero bajo guante de seda pontificia.
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