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Quedarse

Luis Fernández-Vega, nuevo Hijo Predilecto de Oviedo

En Asturias, dados como somos a la exageración, raro es el homenajeado a quien el homenaje no le queda grande. Por eso, destacan las excepciones. Y la de Luis Fernández-Vega es una de esas en las que el premiado engrandece el galardón.

Lo nombran Hijo Predilecto de Oviedo. Por su labor científica e innovadora. Por levantar e internacionalizar la clínica que lleva el apellido de su familia y pasearlo por el mundo. Y, supongo, por haber presidido con altura la Fundación Princesa de Asturias entre 2018 y 2022. Méritos sobrados. Todos ciertos.

Pero quiero añadir algunos que no figuran en el expediente.

Este médico de aspecto atildado y presencia tranquila, con una elegancia de otro tiempo, encarna lo que ya casi no se lleva: el esfuerzo, la sucesión familiar, el compromiso con la tierra donde uno nace. Cuarta generación de oftalmólogos. Los Fernández-Vega son lo contrario de los Buddenbrook de Thomas Mann: una saga que, en vez de declinar generación tras generación, crece.

Y para mí, además, es un valiente.

Lo es por razones distintas a las que se le reconocen. Es valiente por ser empresario en Asturias. Por conservar la propiedad de su empresa. Por resistir la tentación de marcharse a territorios donde el bolsillo le iría mejor. Es valiente, sencillamente, por quedarse.

Quedarse no es poco. Quedarse, aquí, es casi un gesto político.

Y es valiente por alzar la voz en un desierto donde claman pocos. Fernández-Vega ha pedido alto y claro que se bajen los impuestos en Asturias. O que al menos se armonicen con los de las demás comunidades españolas. Se lo dijo a la cara al presidente Barbón. Lo pide desde la única autoridad que vale: la de seguir aquí, con su familia y su empresa.

Su coherencia desnuda a dos clases de empresarios: a los que deslocalizan domicilios, sociedades y patrimonios, y a los que callan por miedo. Eso sí, a unos y otros se les llena la boca con el sagrado nombre de Asturias.

Y Asturias no se hace con discursos, sino con obras como su clínica, la que trae el mundo a Oviedo: pacientes de medio planeta aterrizan en Asturias para que les devuelvan la vista. Cuando lo asturiano, casi siempre, es lo contrario: irse.

Al Hijo Predilecto le pondría un solo pero. Uno.

Siendo como es interlocutor privilegiado de los líderes de la derecha democrática española, no ha logrado que la derecha sucursalista asturiana tuviera candidatos con sus cualidades intelectuales, profesionales y morales. Con gente de su talla, otro gallo nos habría cantado. O cantaría.

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