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La X empieza a parecerse a Sánchez

Los casos judiciales que acorralan al presidente del Gobierno empiezan a acosarle

Propongamos una ecuación sencilla: a la izquierda, Ferraz, Moncloa, audios, libretas, fontaneros y cloacas. A la derecha, el resultado del relato gubernamental: “No estábamos al tanto”. Entre ambos lados, la incógnita: la X misteriosa.

El debate nacional consiste en fingir que X es un error tipográfico o, en el mejor de los casos, un subordinado con iniciativa creativa y llave grifa. Pero cualquiera que conozca el funcionamiento interno del PSOE sabe que en ese partido las casualidades duran lo que tarda el secretario general en levantar una ceja.

La ecuación se vuelve interesante cuando sustituimos valores. Si el sistema funciona con un núcleo de poder cerrado, si los mecanismos de control fueron desactivados, si los que actuaron sin permiso hoy están fuera del tablero y los que permanecen lo hacen por ratificación expresa, entonces X no puede ser un número pequeño. Ni una nota al pie. X es el vértice.

Nos dicen que no hay prueba directa, que nadie vio a X firmar la orden. Tampoco vimos a Don Corleone mancharse las manos. El liderazgo cesarista no baja al barro: organiza la pelea en el cieno. Y cuando alguien habla de “el one no suele referirse al bedel ni al portero.

Así que despejemos. Si todo ocurrió para proteger al líder, si la estructura paralela tenía un único beneficiario y si nadie osa moverse sin su beneplácito, la X empieza a parecerse peligrosamente a Pedro Sánchez. No es una condena, es álgebra básica. Y en política, como en matemáticas, cuando el resultado no cuadra, el problema no es la ecuación: es quien insiste en borrar la incógnita.

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