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Prescripción de inocencia

José Luis Rodríguez Zapatero construyó, durante tiempo, una estrategia política basada en la reivindicación constante de su rectitud. Ante cada crítica o sospecha y cada acusación dirigida a su entorno, la respuesta ha sido siempre su inocencia, cuidándose de elevarla a categoría moral. Una inocencia tan repetida que ha terminado convirtiéndose en un mantra, coreado con fervor por sus partidarios y aceptado por muchos como artículo de fe. Sin embargo, resulta llamativo que cuando las investigaciones judiciales avanzan y las dificultades procesales se acumulan, su defensa haya abandonado la discusión sobre los hechos para refugiarse en los vericuetos del procedimiento. Quien negó pública y taxativamente cualquier conducta irregular parece encontrar ahora más consuelo en la prescripción de los delitos que en la refutación de las acusaciones. La situación se ha vuelto especialmente significativa tras la millonaria tasación de las joyas encontradas en la caja fuerte de su despacho, un hallazgo que ha desembocado en su imputación por presuntos delitos de contrabando y fraude fiscal. El juez, además, ha rechazado la solicitud de un nuevo aplazamiento de su declaración, cerrando una vía que habría prolongado aún más un proceso ya suficientemente dilatado.

Paralelamente, el mismo Zapatero, imputado como presunto líder de una red de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, busca también la nulidad de las actuaciones en los orígenes de la investigación. Se trata de una defensa legítima desde el punto de vista jurídico, pero políticamente reveladora. Quien está convencido de su inocencia suele esforzarse en demostrar que los hechos nunca ocurrieron o que jamás participó en ellos. Por el contrario, la estrategia del expresidente parece centrarse en desactivar el procedimiento antes que en desmontar la acusación.

Y la diferencia no es menor. La prescripción no acredita inocencia; simplemente extingue la posibilidad de castigo. La nulidad no borra los hechos; cuestiona el camino seguido para descubrirlos. Es una distancia que la opinión pública difícilmente puede ignorar.

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