Opinión
Vocalizar, ocalizá, oaiá
Contra la "naturalidad" en el modo de hablar
Presten atención, por favor, que hablo con conocimiento de causa. Aquí donde me ven, sufrí en La Cinémathèque française parisina y en su momento (los 70 del XX) la película "Él" de Luis Buñuel doblada al neerlandés (antes, "holandés") y con subtítulos en checo, idiomas ambos que confieso desconocer. Aquí donde me siguen viendo, he escuchado mi propia voz doblada por un actor madrileño cuando mis pecados me llevaron a actuar en el corto "El Llanero Solitario", de Mario Menéndez y Fran Vaquero. Sé, pues, de qué grito cuando me irrito ante el delirio de esos actores y actrices españolos y españolas a los que no se les entiende un carajo cuando dicen su papel, cuando hablan.
Según nos instruye Sergio del Molino, esa moda (ya costumbre) de que no se te entienda ni cacahués cuando interpretas tu texto, viene de los años 90 del XX, y es una de las pestes (esto lo afirma un servidor) que nos trajeron los Almodóvar y los Amenábar y demás corte movida posmodernista. Hay que ser naturales −decía aquella patulea indocumentada−, vocalizar es de teatreros. Fuera con ese naturalismo −decían−, hay que hablar “comiéndose palabras, musitando, escupiendo, susurrando o pegando alaridos”, o sea, como la gente de la calle (continúa teorizando Del Molino). A saber a qué "gente de la calle" se referían los noventeros de colorines, qué gente frecuentaban. De aquella mala saña con el lenguaje, vienen los lodos de la gran confusión oral artística de hoy. Yo lo advierto: si me musita o susurra alguien, pongo mis oídos en modo avión; si me escupen o alaridan, me apresto a huir y a dejarlos con el farfullo en la boca.
Alcemos la voz ante estas falacias. La actriz Macarena Gómez aconseja mandar al logopeda a intérpretes tales. El enorme Rafael Álvarez (el Brujo), proclama que la vocalización (el articular preciso) y la dicción (el pronunciar preciso) son artes alquímicas fundamentales. Y el actor Víctor Clavijo no duda en atacar a quienes no vocalizan: "Que se te entienda cuando hables es lo mínimo que se debe exigir a un actor/actriz". Y continúa defendiendo que no se puede convertir en una costumbre el que no se entienda a un actor cuando hable, bien por falta de vocalización o por exceso de susurro. ¿Que, por el contrario, es todo debido al escaso presupuesto y que si hubiera más pasta en las artes escénicas hispánicas toda frase sería audible? Venga, venga, a otro perro con esa mentira. No se trata de declamar, es decir, de hablar con demasiado calor y vehemencia, como el "Señoriiiitoooo...", que dice Fernando Fernán Gómez (todos en pie) en "El viaje a ninguna parte". Se trata de no verse obligados a activar los subtítulos en castellano para una obra en castellano en el original.
Ya gastaban don Quijote (No entiendo ese latín, No entiendo qué quiere decir retencio, No entiendo eso de hacer aguas, No entiendo lo que vuestra merced dice ni quiere decir en eso del deslizarme...) y Sancho (No entiendo eso de logicuos, Eso de erutar no entiendo, Aquello del gateado no entiendo, No entiendo eso...) sus magines con la cosa semántica. Pero me temo que la babel actoral es falta de talento, estudio, aplicación. Fíjense en las pelis dobladas al castellano, que llenan nuestros oídos de "Ammm... ehhhh..." hasta para iniciar una frase que continúe con un "contesta tú al teléfono", por ejemplo. "Ammm... ehhhh... contesta tú al teléfono... ammm... ehhhh...". Hay malos dobladores como hay también malos fontaneros o malos profesores. Pero no tiene la culpa de ese horror vocal el doblaje "declamatorio" o bisbiseante: lo tiene la mala interpretación.
Pues nada. A quienes sigan defendiendo el hablar naturalista en cine, teatro, series y calle (lo peor), los condeno a que asistan a una representación de "5 horas con Mario" con una actriz protagonista naturalista que escupa, susurre, musite y alaride. Y que sean cinco horas. Luego, hablamos.
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