Opinión
Que la fuerza os acompañe
Si George Lucas hubiera conocido nuestro sistema de oposiciones, probablemente habría ambientado alguna escena de La Guerra de las Galaxias en una biblioteca pública un mes de junio. Porque pocas experiencias existen tan parecidas al entrenamiento de un Jedi como la preparación de una oposición docente. Meses de aislamiento voluntario, luchas internas constantes, dominio de técnicas que nadie entiende fuera de ese mundo y una fe inquebrantable en que la Fuerza siga de tu parte.
Este sábado miles de aspirantes afrontarán una de esas jornadas que parecen durar más que una trilogía completa. Entrarán en las aulas armados con bolígrafos, temarios y una mezcla explosiva de ilusión, nervios y cafeína. Algunos habrán dormido poco. Otros habrán repasado hasta el último minuto. Todos llevarán a sus espaldas una mochila mucho más pesada que cualquier temario. Porque la oposición no empieza cuando se abre el examen. Empieza mucho antes. El día en que alguien decide cambiar horas de ocio por horas de estudio. Cuando las vacaciones se convierten en jornadas de repaso. Cuando el salón de casa pasa a parecer más un archivo legislativo que una vivienda. Cuando Han nunca ha estado tan Solo.
Detrás de cada opositor hay mucho más que apuntes y esquemas. Hay sacrificios personales, económicos y familiares. Hay padres y madres estudiando cuando los hijos duermen. Hay parejas que han compartido meses de ausencias aunque estuvieran sentadas en el mismo sofá. Hay interinos que han enlazado sustituciones, kilómetros y madrugones sin abandonar el objetivo. Hay jóvenes que persiguen su primera oportunidad y veteranos que siguen intentándolo con una perseverancia admirable.
Por eso resulta injusto reducir todo ese esfuerzo a una nota. El examen es importante, por supuesto. Pero el mérito verdadero ya existe antes de que el primer opositor escriba una sola palabra. Está en la constancia, en la disciplina y en la capacidad de seguir adelante cuando las dudas aparecen, que suelen hacerlo con más frecuencia que Darth Vader en una reunión de rebeldes. Vivimos en tiempos donde se admira mucho el éxito y se habla poco del esfuerzo. Sin embargo, quienes este sábado se sienten ante un examen representan precisamente lo mejor de esa cultura del trabajo silencioso que rara vez ocupa titulares. Hoy toca reconocer el valor de quienes llevan meses preparándose para perseguir un sueño profesional y personal.
Y permitidme una última reflexión. Si tan necesario es el esfuerzo que miles de aspirantes realizan durante meses para demostrar su valía, quizá haya llegado también el momento de que las administraciones se pregunten si un sistema que obliga una y otra vez a examinarse a profesionales que ya han acreditado sobradamente su capacidad es el mejor de los posibles. Porque seleccionar a los mejores docentes es una obligación; someterlos periódicamente a una carrera de obstáculos que mezcla conocimiento, resistencia psicológica y no poca subjetividad, quizá no lo sea tanto. Como diría el maestro Yoda: “Estudiar mucho debes y aprobar no quizás, pero desesperar podrás nunca y así plaza finalmente lograr”.
Que la Fuerza os acompañe.
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