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Recetario sin esperanza

Hace tiempo, a la salida de un coloquio, una asistente me preguntó qué era para mí gobernar. Ni la cuestión tenía que ver con el coloquio ni yo era el más indicado para responderla, tras un tercio de siglo fuera por completo de ese dominio, pero decidí contestarla. Tenía a mano el clásico "gobernar es resistir" y el "gobernar es ganar tiempo", desoladora sentencia de Hans Magus Enzensberger, pero improvisé: "gobernar es meterse en líos", le dije, aclarando ante su estupor que pensaba en esos asuntos de interés general que no interesan a nadie en particular y encima no rentan políticamente. La señora me preguntó qué más. "No meterte en el bolsillo nada que no te corresponda por tu trabajo", dije. Como la mujer seguía a la espera añadí: "Ah, y meter en tu equipo a gente que sea mejor que tú, aprender de ellos, mejorar el servicio y tratar de superarte para que no te quiten el sitio".

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