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Opinión

Ignacio Garcia-Arango Cienfuegos-Jovellanos

Presidente del Foro Jovellanos

Avelino Acero Díaz

Vicepresidente del Foro Jovellanos

Gobernar es decidir sobre la realidad, no relatar entelequias

Tras el cierre de Corteva en el valle de Tamón y la presentación del plan autonómico para la industria

Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos y Avelino Acero Díaz Presidente y vicepresidente de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias

El cierre de Corteva es una mala noticia que no resulta sorprendente para nadie que haya reflexionado alguna vez desde que empezó el desmembramiento de Dupont, que inició una trayectoria que hacía prever tanto este suceso, como los posteriores que vendrán. Estos días, el señor viceconsejero de Industria, persona muy inteligente y capaz, ha minimizado en los medios el asunto y ha añadido (en referencia a los empleados despedidos, pero sin mencionar a las numerosas empresas auxiliares que cerrarán) que el Principado estará vigilante para que todo salga lo mejor posible. Tampoco recordó que esta es una empresa ejemplar que permitió, a través de numerosas ayudas públicas de Asturias, impulsar un núcleo tractor de la industria química mundial que no puede perderse y cuya importancia debería mantenerse buscando otros inversores que sigan con la antorcha si la galaxia Dupont desaparece.

Por otra parte, cuando se le ha preguntado sobre otros asuntos concomitantes (carencia de fundamentos tales como las energías, rumbo errático de nuestras propuestas, no llegada de empresas anunciadas, éxitos de regiones vecinas en gestiones similares a las nuestras fallidas, peligros en el futuro para otras empresas...) ha hecho una llamada al optimismo a través de la presentación, arropado, por la FADE y los sindicatos, de la "Estrategia Industrial del Principado de Asturias. Horizonte a 2030". Que, según él, será la base de la futura industria asturiana.

En 160 páginas, a partir de lo que se define como la industria ideal, se desarrolla aseadamente la manera de llegan a unos objetivos predeterminados. Las medidas a tomar se cimentan sobre una realidad ficticia, porque nuestra industria actual no encaja en un mundo imaginario. El grandilocuente documento comienza con unos objetivos generales, tras obviar lo determinante. A continuación, dedica una serie de páginas a analizar el contexto regional, mediante una. mera copia de manidos datos.

Después se sigue con algo que, floridamente, se denomina diagnóstico del sector industrial, para ello se usan unas herramientas convencionales, frecuentemente empleadas para rellenar anejos (lo que se denominan análisis dafo y pestel) que solo valen por lo que contienen, no por su forma: y en este caso solo tienen forma: los datos son tan válidos para aquí, como para el Afganistán de la montaña.

Igual criterio se utiliza para mencionar lo que se entiende como tendencias globales y oportunidades de crecimiento. Primeramente, se incluye un catálogo de todas las más conocidas técnicas. Después la estrategia se arrima a la sombra de la ideología, en vez de tratar acerca de cómo se avanza hacia una Asturias más próspera.

En el siguiente apartado se habla de la transición hacia una economía verde y sostenible, fundamentándose para ello en los mantras que están aquí (quizá no en el resto del mundo) de moda. En otro posterior se continúa la línea onírica para definir las nuevas formas de colaboración y de modelos de negocio industriales. Para ello, se continúa con argumentos también trazados en el aire. A continuación, se pasa a un análisis de los "ecosistemas" industriales de la Unión Europea, lo que es otro camelo.

Finalmente se fijan los mencionados objetivos estratégicos y se proponen unas medidas sobre el metaverso porque la industria asturiana actual no encaja en ese país de las maravillas. No nos explayamos, pero como la industria tiene muchos sectores se incluye después un cerro de páginas que culmina en unos cuadritos a rellenar para control y seguimiento de la nada.

En pocas palabras: "una nube de humo que tapa el vacío". En síntesis, una estrategia hija de la yuxtaposición de asuntos de intendencia sin un criterio que los guíe. En nuestra opinión no es el fruto de una política industrial que, ante la cambiante realidad, reaccione con las acciones necesarias para recuperar el rumbo, sino que busca mantener la confianza electora tras tranquilizar a las masas

Asturias debe volver a la vida tras abrirse a la libertad y desde ella generar una política económica, y en consecuencia una industrial, que se fundamente en la realidad y que, desde ella, se plantee unos objetivos y unas metas, tras saber de dónde venimos, a donde vamos a donde queremos ir, de que disponemos:y, en otro plano, en qué entorno nos movemos, así como cuáles son las acciones de nuestros vecinos o competidores que frecuentemente (Galicia estos días con el hidrógeno y los coches ha tenido dos) tienen éxito. Eso exige saber cómo se hacen las cosas, no decir lo que hay que hacer. También saber cuáles son los sacrificios necesarios para conseguir algo, porque nada es gratis y la alternativa es vivir de la limosna.

Nuestro problema es que tenemos una situación que es la que tenemos, tenemos una crisis que es la que tenemos, tenemos una economía en el cual el sector público pesa más del 50 % , que se dedica más a sostener y ayudar que a producir y crear. Esta situación exige mirar de frente a los vertiginosos ojos de la muerte y a continuación luchar hasta convertirnos en una sociedad que cree. Para hacer eso nuestra salida es exportar.

La segunda palanca es concienciarnos de que ninguna política de ningún tipo, ni ninguna actividad humana de ningún tipo, se pueda hacer desde las entelequias, sino que hay que hacerla desde la realidad, por lo que olvidarse de ella lleva al fracaso. Por ello, lo primero es conocerla y después saber cómo es nuestra industria, cuáles son sus capacidades, cuáles son sus dependencias y también como son sus competidores. Lo decimos porque, por ejemplo, todos conocemos que gran parte de nuestra industria depende de poderes controlados desde fuera. Un examen de conciencia nos permitirá conocer si nuestras virtudes son reales o fruto de nuestros sueños. En otro plano debemos saber que demanda podemos afrontar y que capacidad de exportación podemos alcanzar.

De todo eso no habla nada ninguno de los planes que circularmente se rehacen en Asturias, que no se molesten ni en definir, ni en planificar ni en financiar. Por eso, siempre esperamos por benefactores, en lugar de construir entornos para crear unidos. Ese avance debe impulsarse en los valores comunes para después desde marcar la ruta, hasta seńalar los retos territoriales, económicos y sociales: tras asumir que todo exige sacrificio. Recuérdanos lo que dijo Sir Winston Churchill para reiterar que Asturias no progresará mientras no aprendamos que para conseguir la victoria solo se se puede ofrecer trabajo, esfuerzo, sudor, y lágrimas

Asturias en este momento en el que estamos, peor que ayer y probablemente mejor que mañana, no puede seguir viviendo en la contradicción de clamar porque alguien venga a poner empresas para que después brote el egoísmo y a través de leyes, entrecruzadas normas, y burocracia, asaetearlo y aburrirlo, a la vez que creemos embaucarlo con palmadas en la espalda.

Hay que cambiar de alma y tomar partido hasta mancharse para ir a donde nos conviene y nos pidan los instintos irreflexivos: o lo que es peor los intereses egoístas de algunos.

Ello exige racionalidad. Y también abandonar las fantasías pues, nuestro principal reto es despertar la iniciativa. Por ello, lo primero que se necesita es tener voluntad y osadía. Y después acción fundamenta en la inteligencia, la voluntad y la valentía, alimentadas por el trabajo, la generosidad y la solidaridad.

Y para ello hay que tener sosiego para actuar con calma, discernimiento para valoraras, fe para impulsarlas, esperanza para no perder el tesón y caridad para compréndenos mutuamente, pero sin tolerar la mala fe y el egoísmo deliberados. n

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