Opinión
Del jardín oculto al embrollo de Babel
Un pequeño rincón en la calle Campomanes de Oviedo
¡Qué grande es el Universo y qué insignificante parece la altura de la iglesia de San Pedro ante éste!
Ernst Bloch, Huellas
La contradicción saltó desde el principio: no siendo literato, quise escribir, con exceso para mis alcances, sobre el que fue un jardín o paraíso oculto, y que lo viví como mío sin serlo, pues era de otro ovetense. Jardín también para amor de poetas y de prosa muy lírica, casi poesía, como la de Juan Ramón Jiménez, enfermo por tristezas de depresión, que ni los baños de luz mirando al Atlántico (Moguer), cerca del Mediterráneo, curaron espantando negruras, ni las caricias de la enamorada Zenobia. Tristezas muchas, mientras los niños, en momentos alegres, nos divertíamos con las largas orejas del burrito Platero.
Sitio tan placentero, un paraíso o jardín de jardines, no se libra de inconvenientes –en lo humano siempre hay inconvenientes–, pues por ellos, por paraíso o jardín, también se arrastran las inquietantes serpientes, "no hay paraíso sin serpiente", -se decía-. Y la palabra paraíso nació en Persia, que ya lo expliqué una vez; lo que no dije entonces, es lo que contó Darío Álvarez, autor de La belleza de los jardines (2022) y catedrático de Composición del Jardín y del Paisaje: "Paraíso en persa es pairi daeza".
Persia, por ser lugar de paraísos y jardines, con alfombras que son como de suelo ajardinado, también es lugar de serpientes. Acabo de leer, en referencia a Persia, lo escrito por una viajera: "La alfombra debía parecer un jardín, el jardín una alfombra y ambos tener una perfección estética tal que recordarán al paraíso" (Patricia Almarcegui). Y el zoroastrismo persa fue el primer monoteísmo; después llegarían Akhenatón y Moisés.
Y lo que hizo la serpiente a Eva, y luego Eva a Adán fue terrible, principiándolo todo, y contándose en el primer Libro del Génesis, uno de los cinco del Pentateuco judío. Libros que, como todos los de la Biblia auténtica, fueron redactados por hebreos, y luego traducida al griego para lectura también por cristianos (Biblia de los Setenta). La traducción trae al recuerdo lo de que allí donde hay un Traduttore, también hay un Traditore. Traduttore/Traditore fue pasión de lingüistas (Steiner y Eco), que recuerda a lo que también escribió Ernst Bloch, el mismo del principio: "Donde hay una cacharrería, no está lejos un elefante, en esta ocasión ya estaba dentro de la misma cacharrería, creció en su interior y no hacía falta que entrara desde fuera".

Del jardín oculto al embrollo de Babel
Para escribir sobre mi jardín, que no era el mío, buscando el tono o el arrebato (Muñoz Molina) para escribir artículos, me acerqué a El Jardín Umbrío de Don Ramón María del Valle-Inclán, que es mucho más que un jardín, pues es "Historia de santos, de almas en pena, de duendes y de ladrones", y el gallego, antes de iniciar el primer cuento, el de Juan Quinto, en su introito, exclamó: ¡El murmullo de un viejo jardín abandonado! Y es que mi jardín, que no era mío, estaba abandonado, y que, como en el Jardín Umbrío, "los gatos maullaban tras la puerta", "los gallos cantaban quebrando amores", y alguna vez, por él, paseó "un canónigo encorvado, con manos de obispo y vista de jesuita".
Fue determinante para mi elección, la de don Ramón María, el que fuese manco– manquedad de un brazo– como Cervantes, lo que no impidió a aquel "hablar por los dos codos", aunque tuviera sólo uno, según explicó su biógrafo, el simpático Gómez de la Serna (Don Ramón). Ni fui a los jardines de Bomarzo, en letras del argentino Mújica, pues en el mío, que no era mío, no había monstruos ni gigantes; tampoco me interesaron los jardines de Castel Gandolfo, llamado el "Vaticano menor o secreto", que son del color de las rosas y rococós, y el mío, que no era mío, estaba abandonado y los yerbajos ya no eran verdes.
Oculto mi jardín, que sólo podían ver los que se asomaran a la galería de atrás –al otro lado de los balcones que daban a la ovetense calle Campomanes, más derecha que una vela—, galerías traseras de las últimas casas de la derecha subiendo en dirección a la plaza de San Miguel, las de los números 30, 32 y 34. Ese jardín era –lo digo ya– de don José del Rosal, persona a la que el catalán Pla consideraría "de mucha suavidad", accediéndose al jardín por la casa en la que sólo vivía él (del Rosal) con su esposa, con moño y condesa. El tal don José era un rico rentista, al que siempre se veía de la misma manera: sentado en sofás con orejeras y entre paños de terciopelo carmesí. Hace años, leyendo el libro "SOF Medio siglo de Tambor y Gaita" (página 29) me enteré de que el tal del Rosal formó parte de una ovetense Comisión de Propaganda y Espectáculos en el año 1950, que acordó organizar "un fausto desfile, con el emigrante como eje".
Pero fue leyendo en el número 7 (imagen bíblica de la construcción de la torre de Babel) de la Carta Encíclica Magnífica humanitas del Santo Padre, León XIV, cuando otro arrebato, más potente que el anterior, el de los jardines, y Babel me hizo cambiar de asunto. Pido al lector disculpas, que a lo del jardín volveré otro día, pues lo actual, lo de Babel, manda. León XIV en aquel número 7 explica: "Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios". Y lo reiteró en Madrid el 8 de junio, en el estadio Santiago Bernablu, predicando sobre Babel a los diocesanos madrileños, y calificando a Babel, la construcción de la torre "como proyecto totalitario y meramente humano".
¿Es ese también el pensamiento judío? Unos dirán que sí y otros que no, pues la exégesis talmúdica (Talmud) y rabínica sobre la Torá o Libros de Moisés, es de suma intensidad y con ingeniosidades de filigrana, casi infinitas, siendo incomparable la superioridad de la exégesis judía frente a la cristiana y musulmana. La importante tradición rabínica del Talmud de Babilonia siempre fue contraria a la interpretación punitiva del embrollo de lo del Libro, Génesis, en su número 11. Según Pierre Bouretz "La unidad perdida del lenguaje, narrado en el mito de Babel, lejos de ser una maldición para la humanidad, fue una bendición".
Ese fue también el pensamiento de George Steiner, hijo de la diáspora judía y judío por madre, cuya tesis la publicó en el libro Después de Babel (1975); genio Steiner de la lengua y del lenguaje, también, naturalmente, del arte y sentido de la traducción, habiendo confesado en el libro Un largo sábado (Siruela 2016) que "lengua y lenguaje han sido el centro de mis investigaciones y pensamiento".
Aprovecho para indicar que entre judaísmo y cristianismo las diferencias llegan a ser insalvables: el rechazo del pueblo judío al Mesías (Cristo) comportó catástrofes históricas a ese pueblo (acaso ahora estemos ante una nueva catástrofe, esta vez con el pueblo iraní y su pretensión de disponer de la bomba atómica para acabar con Israel). Además fenómenos tan cristianos y esenciales, como la Encarnación de Dios y la Eucaristía en cuanto cuerpo de Cristo, son inimaginables para un verdadero judío y creyente en el distante y majestuoso Yahvé (¡Cómo Dios iba a ser judío! Y el Judaísmo es un monoteísmo radical y el Cristianismo muy relativo.
Una cosa es que el catolicismo, razonablemente, quiera acercarse al judaísmo, y otra cosa diferente, disparatada tal vez, es haber "sacado a los judíos" del Dicasterio vaticano para el Diálogo interreligioso y "haberlos metido" en el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los cristianos (Constitución Apostólica Praedicate Evangelium sobre la Curia romana, de 19 de marzo de 2022). Si hay algo profundamente contrario al cristianismo, ese es el judaísmo.
Y regreso a Oviedo, donde Steiner, al recoger en el Teatro Campoamor el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, octubre de 2001, en esta tierra asturiana, en la que existe La llingua asturiana, la de los bables, de tanta problemática, dijo en inglés: "Lejos de ser una maldición, Babel ha resultado ser la base misma de la creatividad humana, de la riqueza de la mente, que traza los distintos modelos de la existencia. (He intentado demostrar esto en toda mi obra). De modo incluso más drástico que la actual destrucción de la flora y de la fauna, la eliminación de las lenguas humanas –se calcula que podrían quedar unas cinco mil de las veinte mil que existían hasta hace poco– amenaza con vulgarizar, con estandarizar los recursos internos y sociales de la raza humana".
Y pregunto: ¿Qué lengua se hablaba antes de lo de Babel, en tiempos anteriores a la desintegración de la única lengua, la de Dios, Adán y Eva? ¿Cómo era esa lengua, única, adánica, que hizo tránsito a la dichosa pluralidad de lenguas, que tanto, al parecer, nos humanizó?
Y fue otro lingüista genial Umberto Eco, calificado de enciclopedia viviente, experto hasta en las artes de los espejos, laberintos y los dibujos animados. Tuvo tiempo hasta para pensar en su muerte, que le llegó una mañana de febrero de 2016.
Se celebró funeral laico, muy laico en el Castello milanés de Sforzesco, y ello porque quiso que su muerte fuera como su vida: profundamente laica, enfrentada al Vaticano, que desde su periódico (L´Osservatore Romano) criticaba severamente sus publicaciones, caso del artículo Un fallimento di lusso (13 de octubre de 2011), y ante lo cual, no permaneció pasivo, sino atacante: "¿Ratzinger? No es un gran teólogo" –tituló–.
De todo lo escrito por el sabio piamontés, retengo ahora su libro La búsqueda de la lengua perfecta, texto de editorial Crítica de 1994, cuyo capítulo primero lleva el sugerente subtítulo De Adán a la confusio linguarum. En ese libro, Umberto Eco analiza las incoherencias del mito babélico, la naturaleza de la lengua adámica, preguntándose cómo fue la lengua primigenia, la lengua en la que habló Dios a Adán y los sucesivos intentos a lo largo de los siglos de recuperación de la lengua perfecta, la de Dios y Adán.
Y una anotación llamativa: Sobre Umberto Eco, la revista Los Cuadernos del Norte, que fue revista cultural de la Caja de Ahorros de Asturias –desaparecida para desgracia– dedicó un número monográfico, en julio y agosto de 1982, al también novelista y autor de El nombre de la rosa.
Suscríbete para seguir leyendo
- La empresa asturiana que abrirá más tarde el lunes para que sus trabajadores disfruten de la final del Mundial: 'Es un momento único
- Descuento para los asturianos que viajen en autobús con la tarjeta Conecta: cuándo entra en vigor y en qué condiciones
- Sergio Finca, el asturiano que interpretará el himno de España en la final del Mundial: “Es una gran oportunidad para nuestras vidas
- Siete de cada diez multas por no respetar las restricciones de la Zona de Bajas Emisiones son para conductores de fuera de Oviedo
- Boda por todo lo alto en el Ayuntamiento de Oviedo: el concejal Nacho Cuesta se casa con la arquitecta Carola Zárate Echeverría
- La compleja situación de una departamento clave del Principado: la prolongación de la baja de la consejera de Derechos Sociales abre la puerta a cambios
- ¿Suspendida la final del mundial entre España y Argentina? La situación empeora por contaminación
- Gijón se entrega a la magia de los drones y del eclipse: 'Cada año es mejor
