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¿A qué jugamos?

Sobre la fecha de las elecciones generales

La fecha de las próximas elecciones es una adivinanza. Un periodista presumido, que sin embargo ya no se atreve a hacer una profecía, especulaba ayer en su columna con que quizá ni el mismo Pedro Sánchez la sepa. Es muy probable porque, dispuesto a agotar la legislatura, es lógico que no tenga tomada la decisión. Pero el presidente del Gobierno, en la rueda de prensa posterior a la cumbre europea celebrada en Bruselas, acotó el calendario electoral cuando afirmó que las generales no coincidirían en ningún caso con las autonómicas y las locales. Podrían ser, entonces, antes o después. Descartó una de las fechas que se barajaban después de asegurar que presentaría el proyecto de presupuestos en este año. Se deduce, pues, que cabe la posibilidad de que las convoque de inmediato si no consigue la aprobación de las cuentas públicas por el Congreso. De no ser así, las elecciones se celebrarían al final del mandato parlamentario. A punto de concluir la comparecencia, reiteró, a modo de advertencia, que las legislaturas duran cuatro años, también cuando no gobierna la derecha, aunque lo cierto es que tanto gobiernos de derechas como de izquierdas, incluidos los presididos por él, han adelantado las elecciones en alguna ocasión.

Pedro Sánchez tiene la intención de continuar al frente del Gobierno todo el tiempo que la Constitución le concede, aunque no muestra la firmeza de otras veces en ese propósito. Lo sostienen los grupos que le prestan su apoyo, manifestando si acaso algún reparo, y su empeño contra viento y marea. Sin embargo, la oposición tiene prisa. Considera que es necesario y urgente que los españoles se pronuncien sobre la situación política en unas elecciones generales. La única manera de frenar el deterioro institucional que sufre el país sería la formación de un nuevo gobierno, tras hacer una consulta a los ciudadanos. El PP y Vox no ocultan su deseo de derribar al actual Gobierno. La novedad es que Junts se ha sumado a la petición de elecciones y el PNV, de forma menos explícita, sugiere a Pedro Sánchez que lo piense. Y eso parece que va a hacer el presidente si son rechazados los presupuestos.

Una moción presentada por el PP con tal objetivo fue aprobada en el Congreso por 177 votos a favor, los del PP, Vox y Junts,164 en contra y 6 abstenciones, de los diputados del PNV y Coalición Canaria. Es evidente que el Gobierno no está respaldado por una mayoría parlamentaria, la que sí apoyó la investidura de Pedro Sánchez, y en estas condiciones, como es patente, resulta muy difícil gobernar con una mínima estabilidad y eficacia. Pero el PP insiste con otra moción en la que pedía la dimisión en pleno del Gobierno, la convocatoria de elecciones o al menos la presentación por Pedro Sánchez de una cuestión de confianza, que en caso de votación en contra conllevaría automáticamente su dimisión. La mesa del Congreso ha aceptado someter a votación esta solicitud, pero no la de instar al presidente a su dimisión o a la disolución de las Cámaras.

La aprobación de estas mociones no obliga a Pedro Sánchez. El PP las adopta por dos razones: para dejar en evidencia que el Gobierno está en minoría y desgastarlo un poco más, y porque ha renunciado a presentar una moción de censura, sea por el hecho consumado de que no cuenta con los votos de Junts o sea, en realidad, porque no quiere negociarlos con Puigdemont. La coyuntura política es, desde luego, adversa para el Gobierno y favorable para el PP. Y todos los partidos juegan la baza de sus intereses estratégicos. La cuestión estriba en si priorizan esos intereses, por encima de restablecer el funcionamiento normal de la democracia. Porque, ¿qué impide, sino los intereses de cada uno, que los partidos que exigen elecciones, visto que la situación no da más de sí, se alíen para investir a un presidente designado de común acuerdo que acto seguido convoque las elecciones? La posición de Junts y el PNV al respecto es demasiado reservada y ambigua. Pedro Sánchez es muy consciente de ello y procura sacar el máximo partido. El PSOE se encuentra en una tesitura muy complicada, atado a Pedro Sánchez, pero desconfiado. El PP está convencido de que esta sí, es su oportunidad. En este juego vamos a entretenernos hasta que, por fin, haya elecciones. A medida que malgastamos el tiempo, llega un momento en que da igual que se adelanten o no.

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