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Opinión

La reforma de las Cortes

La decrepitud del Parlamento español y las consecuencias del Muro, último hallazgo del progresismo multinacional

Los expertos a quienes leo me han convencido. Claman –y con razón– por la necesidad acuciante que existe de reformar las Cortes generales pues presentan signos de decrepitud e inquietantes avisos de haberse convertido en un espantajo.

Echo de menos, empero, que no se expongan alternativas concretas para renovar el deteriorado artefacto.

Como estas "Soserías" tienen algo de aquella literatura antigua que se llamaba "Espejos de Príncipes" destinada a lograr que estos gobernaran con buen sentido, sabiduría y justicia, adelanto los materiales que debemos emplear para esta labor de abrillantado.

Ya conocemos la teoría del Muro que ha de dividir a los españoles. Se trata –mil veces se ha explicado desde el ambón– de un nuevo hallazgo del progresismo multinacional y empoderado destinado a separar a los buenos de los malos, al trigo de la cizaña, a la hierba fresca y sana de la maleza.

La pregunta es: ¿con solo echar un vistazo al hemiciclo, es posible identificar el vicio y la virtud, el lugar del razonamiento correcto y el de la pestilencia y la maldad? 

Creo que no, a veces se producen confusiones lamentables y estas son las que debemos conjurar.

Mi receta es clara: no basta el Muro, preciso es cavar trincheras con taludes por ambos lados. E instalar en ellas alambradas, nidos de ametralladoras y piezas de artillería pesada. Cuanto más pesada, mejor. En esto no deben escatimarse ni dinero ni esfuerzos.

En tal sentido, aconsejo –tengo la condición de Alférez de la Milicia Universitaria y algo entiendo– la ametralladora Maxim, último rugido en punto a ametralladoras, la que más se lleva en el "prêt à porter" de las armas prestigiosas, capaz de vomitar 600 proyectiles por minuto. Dígase: ¿hay algún razonamiento parlamentario, algún tecnicismo jurídico que pueda oponerse con eficacia a semejante alarde flamígero?

Oigo al pedante que siempre me acompaña:

–La ametralladora, señor Alférez, ha sido desplazada por el dron FPV.

Y debo aceptar la objeción porque es verdad: el tal dron hace el mismo efecto y solo vale 500 euros, el precio de un traje de caballero.

Propongo entonces: ametralladoras para los Parlamentos autonómicos y drones de última generación para las Cortes de la Carrera de san Jerónimo. Siempre ha habido clases y no hay razón para destruir este legado histórico de orden y jerarquía.

¿Qué falta?

Falta una "zona de aniquilación" que en inglés, idioma en el que se expresan los enfrentamientos de mayor prestigio, se llama "kill zone". No cuesta mucho y tiene efectos devastadores, sobre todo en el terreno psicológico, y más si se se la habita con gases venenosos de una buena cosecha.

Engalanado así el campo de batalla, debemos afrontar los últimos detalles. El "grupo parlamentario" debe cambiar su denominación por el de "montón", habida cuenta de que responde a la definición que nos ofrece el DRAE "cantidad de personas o cosas" sin individualidad alguna, confundidas en su espesura, tan solo trabadas por el aplauso o por el berrido.

A lo mejor convendría asimismo dividir a tales "montones" en compañías, batallones, escuadrones... no sé, esto ya lo dejo a los expertos en parlamentarismo, no voy a darles todo el trabajo hecho.

El poeta lo dijo mejor:

"¡Bulo, gritó

ante Ferraz

el diputado con ira!

¡Bulo repitió el montón

con indómito graznar,

¡bulo! gritó al votar

el pueblo que al mundo

enseña ...".

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