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El "lado correcto de la historia"

Como ni siquiera se ha discutido en el parlamento tampoco se van a poner de acuerdo Gobierno y oposición en si la regularización masiva de inmigrantes supone una medida social en defensa de los derechos humanos o es sencillamente una fórmula oportunista y desesperada en busca de nuevos votantes. La izquierda del PSOE plantea incluso ampliar el plazo para multiplicar el efecto llamada que ya se ha disparado en relación a las previsiones, superando más de 1,2 millones de solicitudes. Ione Belarra ha llegado a decir que España se coloca en "el lado correcto de la la historia". El Tribunal Supremo, entretanto, ha empezado a dudar de su encaje legal dentro de la Unión Europea.

El "lado correcto de la historia" ha pasado de ser una argumentación recurrente a convertirse en un lugar común incluso para los que se sitúan lejos de cualquier corrección democrática. En esta vida nadie admite habitar el lado incorrecto. No existe un solo militante, político, activista o tertuliano que se levante por la mañana pensando: "Hoy defenderé una causa que la historia condenará". Todos, sin excepción, ocupan una privilegiada parcela moral con vistas al porvenir.

La historia, sin embargo, tiene el feo vicio de reescribirse. Los héroes de ayer terminan con estatua decapitada, los villanos recobran sus matices y las certezas absolutas acaban en el museo de las convicciones precipitadas. La historia no es un tribunal que publique sentencias en tiempo real; más bien es el editor puntilloso que corrige los manuscritos cuando los protagonistas ya no pueden protestar. Por eso, cada vez que alguien proclama estar en "el lado correcto de la historia", conviene echar mano de la cartera: la frase rimbombante suele venir acompañada de una factura moral para quienes discrepan. Quizá sería más humilde —y más honrado— admitir que uno simplemente cree tener razón. Aunque no la tenga.

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