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El tsunami conservador de América Latina

Una tras otra, las piezas del progresismo socialista en América Latina van cayendo en sucesivas contiendas electorales. Aunque sea por un margen escaso de votos, como en el reciente caso de Colombia, el hecho es que los candidatos de la derecha se van imponiendo elección tras elección. Pasaron los tiempos en los que el Grupo de Puebla parecía apuntar a una ola de signo contrario. Especialmente significativo fue la derrota en Bolivia del candidato amparado por Evo Morales y su Movimiento al Socialismo, que había dominado los destinos de este país en los últimos veinte años. El nuevo presidente Rodrigo Paz se ha tenido que plantar sacando a la calle a los militares ante el intento violento de los seguidores de Evo de desestabilizar el nuevo Gobierno mediante bloqueos de carreteras y ataques contra las fuerzas de seguridad. También se ha confirmado la victoria en Perú de Keiko Fujimori, un movimiento clave que ojalá devuelva la estabilidad política a la convulsa sociedad peruana.

En este reguero de "conversiones" sin duda juega un papel estelar el ansia de seguridad de los países al sur del Río Grande. En este sentido, no es Donald Trump el factor decisivo que ha impulsado el vuelco, un personaje que poco predicamento tiene en el mundo latino por su odio manifiesto a todo lo que no suene a anglosajón. El personaje clave del giro hacia la derecha es sobre todo Nayib Bukele, el carismático presidente de El Salvador, que representa a los ojos de muchos ciudadanos de Latinoamérica el triunfo de la mano dura frente a la delincuencia. De hecho, candidatos como De la Espriella o Kast, en países tan distintos como Colombia o Chile, se presentaron a las elecciones asumiendo el papel del "bukele" nacional.

Falta por ver lo que sucederá este octubre en Brasil. La situación en el enorme país de herencia portuguesa no se ha decantado aún entre el progresismo de Lula y las alternativas de derecha conservadora o extrema derecha, esta última representada por el hijo del anterior expresidente Bolsonaro. Va a ser una elección decisiva y la que decantará para la próxima década el destino geopolítico de toda la región.

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